¿De verdad hay quien cree que con la legalización de la eutanasia se nos va a obligar a morir a todos?
Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia, tres meses después de su aprobación en el Congreso de los Diputados, las redes sociales se han inundado de comentarios de personas que comentan que con esta medida matarán a muchas personas contra su voluntad. La frase más repetida es que con la eutanasia habrá hijos que “harán matar” a sus progenitores para poder cobrar la herencia o para no tener que cuidarles.
Y no será porque no se haya hecho pedagogía con el contenido garantista de la ley, que establece mecanismos para dar fe pública a la voluntad de quien quiere una muerte digna, o que no se haya explicado profusamente que la eutanasia es un derecho y no una obligación.
Por supuesto que este estado de opinión no es casualidad. Se han registrado, como mínimo, dos recursos de inconstitucionalidad contra la ley con el argumento de que la vida es un valor absoluto.
La vida no es un valor absoluto desde el momento en que una persona puede elegir (libertad) suicidarse en cualquier momento. Ahora, simplemente, se ha dado un marco legal para el suicidio a aquellas personas que, deseándolo debido a su situación de extremo padecimiento, sus condiciones físicas no se lo permiten. No permitir la eutanasia es crear un agravio comparativo entre las personas que tienen condición física para suicidarse y las que no.
Demasiado se ha tardado en establecer un marco legal preciso para aquellas personas que sufren una enfermedad irreversible de padecimiento inaguantable y no quieren continuar encadenadas a una vida que ya no merece tal calificativo. Es simple cuestión de humanidad.