La implicación de las familias en el proceso de enseñanza aprendizaje de cualquier alumno va a determinar en gran medida el éxito escolar. Esto es, la mejora de los resultados académicos. A priori, puede parecer no exisitir una relación directa entre estos dos extremos; pero sí es cierto que hay diferentes estudios y análisis que así lo demuestran.
En muchas ocasiones, las familias pueden ver en la escuela, es decir, en el profesorado, equipo directivo unos enemigos del propio proceso de enseñanza-aprendizaje y de sus hijos. Pues nada más lejos de la realidad. Permítanme que les plantee un par de reflexiones. Los miembros de la comunidad educativa nunca pueden ser enemigos de su objeto de razón de ser. En primer lugar porque las familias entregan una tercera parte del día al sistema a lo más preciado y valioso que tienen en sus casas. En segundo lugar porque los docentes han estudiado y han sido formados precisamente para eso, para convertir a los alumnos en fuentes de pensamiento y desarrollo de talento.
Es por ello que la escuela de hoy en día debería entenderse desde la óptica de colaboración directa y fluida con las familias. Para materializar esta colaboración podrían aplicarse múltiples estrategias metodológicas: desde la creación de asociaciones de familias en los centros educativos, la instauración de la escuela de familias para formarlas en todo aquello que puede ayudar al proceso educativo de sus hijos, tutorías permanentes con el equipo docente, participación de las familias en la organización de las actividades complementarias de los alumnos.
En definitiva, de lo que se trata es de que se genere un cambio de flujos de trabajo entre la escuela y las familias con el objetivo de mejorar los resultados académicos y el éxito escolar.