Acabo de leer un reportaje en un periódico local, dónde se describía como un comandante de un avión comercial, antes de despegar, pasaba entre el pasaje y saludaba uno a uno a las personas que había en su interior.
No es su obligación, no tiene ninguna necesidad de hacerlo, pero es una demostración sin duda, de hasta que punto se puede llegar en la “excelencia en el trabajo”.
Añadir un punto más, ir un poco más lejos de nuestras estrictas normas de trabajo, sobre todo, cuando atañan a terceras personas, es cuando menos un reto personal, una prueba interna de madurez y una muestra de gratitud a quién confía en nosotros. Es válido para practicamente todos los colectivos que tienen contacto con el público, pero incluso con muchos puestos que aparentemente no tendrían que tener ese contacto, pero que es evidente, que lo agradecemos mucho, cuando esto ocurre.
Si te lo premia la empresa o no, no tiene que ser un condicionante para hacerlo, o lo sientes y lo haces o no, así de simple. Aunque como digo muchas veces en sesiones de RRHH, nunca sabes si a aquella persona a la que estás dando una atención extra, mañana puede ser tu futuro jefe.
En este caso en concreto, el volar no es a veces algo agradable para mucha población, pero viviendo en una Isla, es algo imprescindible en muchas profesiones. Por eso que haya gente como el Comandante,
Emiio Marchesi, es de agradecer.
Ya ven la, “excelencia en el trabajo” está al alcande de todos, pero hay que ganársela. ¿Y porqué no?
Y les dejo con una pequeña reflexión, ¿tendrá que ver esto con lo de ser una buena persona?