Ya ocurrió durante su visita al Papa Francisco, el presidente del Mallorca pretendía aparecer en la foto oficial de la plantilla 201-17, sin quitarse las gafas de sol. Maheta Molango lo impidió. El no quiso aparecer en la instantánea. Esta vez le dejó la papeleta a Monti Galmés, tal vez por si acaso. No se sabe cómo puede acabar la temporada. Ni el club, por desgracia.
El consejero delegado –¡ay Sarver, qué mala elección- trata de expandir el rumor de que el club no padece problemas económicos. Un nuevo renuncio. Primero porque si cerrar el anterior ejercicio con ocho millones de pérdidas y prever otros cinco a la basura, como mínimo, el próximo mes de junio, no es tenerlos, explíqueselo a un economista, aunque no hace falta tanto título para entenderlo. Súmese la deuda a los acreedores sujetos a convenio e incluya a uno preferente: la Agencia Tributaria.
Pues bien, el Mallorca pertenece al selecto grupo de sociedades anónimas deportivas que deben al Estado la friolera de ciento sesenta y un millones de euros, dos terceras partes de la deuda total del fútbol español que ahora va a ser fiscalizada. Si, el GR-6 lo comparten el Atlético de Madid, el Espanyol, el Zaragoza, el Valladolid y el Elche, dicho sea en un hipotético orden de mayor a menor en relación a la categoría, ciudad y potencial de cada uno.
Pero el mallorquinismo conocerá algún día toda la verdad. Paga en sus carnes haber sido ciego y sordo ante las tropelías de Utz Claassen. Tampoco ve ni escucha los delirios de Molango. Sin embargo el tiempo no perdona y al final todo se sabe, todo. Si, todo. Y ya veremos qué ocurre entonces.