Contemplar como desde el gobierno social comunista se está implantando un régimen de odio y recordar a Tennessee Williams afirmando que el odio es un sentimiento que solamente puede existir en la ausencia de toda inteligencia es ajustarse a la realidad. Un odio, que, sin imaginación alguna diría Graham Green, se está esparciendo desde los ministerios contra todo ser o mente que se pueda mover fuera de su perímetro marcado para regular hasta lo más íntimo de los ciudadanos, la muerte. Y ello, con ser indecente, todavía lo es más el desear controlar todos nuestros movimientos y pensamientos. Esa es su finalidad, controlarlo todo. En el sustrato de todo ello está la ambición desmedida de implantar un nuevo orden mundial, con un gobierno global, una economía global, una religión global, utilizando los medios que sean útiles a su fin, aunque no sean la Ley.
Así, N.U. se atreve a decidir que los términos “novio” y “novia”, deben desecharse de nuestro vocabulario, para referirse a “pareja”, sin más. Como hay que sustituir “policeman” (policía) por “police officer” o landlord” (casero o propietario) por “owner. Se trata de lograr ese cansino “empoderamiento de la mujer”, mediante un tratamiento de discriminación positiva, que no hace sino menospreciar la auténtica valía personal de toda mujer. Los talentos propios son sustituidos por las carantoñas legales, como si las mujeres por sí mismas no fuesen capaces de lograr ese “empoderamiento”. Feminismo radical que toma como ejemplo el odio a todo lo hetero, por la sencilla razón de serlo, pretendiendo imponer una forma de vida en la cual, lo políticamente correcto surja únicamente de la progresía más rica de la historia.
Una ONU que, olvidando por qué y para qué fue creada, inició años atrás el rol de dirigir la vida del ser humano, sin respeto a sus derechos innatos ni a su libertad personal. Ni guerras evitadas, ni hambres aliviadas, ni paces logradas se hallan entre sus éxitos, mientras la población occidental va decreciendo y la oriental creciendo. Y, en este panorama, surge la “francesita” Lagarde y desde su trono del BCE nos dice, “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, ya”. Leído, no inventado. Será por tales palabras, apolíticas para los mayores, que el socialismo, el comunismo, aprobarán una ley de suicidio legal. Naturalmente el inaudito lamento de que hay demasiados viejos no se completa con la afirmación de que hay pocos jóvenes por el uso y abuso del aborto. No, el riesgo de la economía está en la vida prolongada y no en la vida cegada por una legislación que permite el acabar con el ser humano hasta las 22 semanas de su concepción. Para Lagarde ese “ya” no implica favorecer la natalidad sino acelerar el envejecimiento..
Como tampoco lo es para una socialista que anuncia un futuro delito de apología de un régimen totalitario caduco, al mismo tiempo que se olvida del otro con el cual comparte cama, el comunismo. Cuando Sánchez dice que la “ley no es suficiente”, comienza el totalitarismo del sectario que pretende controlarlo todo. Sería inaudito mencionar que el TC ha sentenciado que «Nuestro ordenamiento constitucional no permite la tipificación como delito de la mera transmisión de ideas, ni siquiera en los casos en que se trata de ideas execrables por resultar contrarias a la dignidad humana». Lo permitido es el enaltecimiento de los héroes etarras, el aplauso a dictadores como Maduro o asesinos como Stalin o tiranos como Mao. Ese anuncio no hace sino recordarnos que fue Nietzsche quién afirmó que “No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior”. La implantación penal anunciada no es sino una vuelta más de tuerca de esa memoria histórica selectiva, repleta de odio y revanchismo, veneno para la convivencia, pólvora para la transición. Eso sí, dejando en la cuneta la Resolución del Parlamento Europeo, de 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea y sus peticiones: Pide a todos los Estados miembros de la Unión que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi. Condena toda manifestación y propagación de ideologías totalitarias, como el nazismo y el estalinismo, en la Unión. Expresa su preocupación por el hecho de que se sigan usando símbolos de los regímenes totalitarios en la esfera pública y con fines comerciales, y recuerda que varios países europeos han prohibido el uso de símbolos nazis y comunistas.
Resolución parlamentaria que es imposible de cumplir con un socio preferente comunista que ha nacido de las ubres de un dictador al cual no solamente adora, sino que obliga a su socio principal a idolatrarlo. E incumplir de paso la ley, con el subsiguiente ridículo ante los colegas comunitarios. Pero, poco importa, Mientras la oposición siga de perfil, más preocupada por el estado de su ombligo, ellos, los progresistas socialistas y comunistas podrán seguir colocando y enriqueciendo a parejas, hermanos, hermanas, vecinos y amigos de parranda. O sea, confirmarán que la ley no es suficiente para impedir su objetivo, la anhelada dictadura progresista, es decir, hambre y piojos.