El discurso de Mateu Isern en el debate del estado de la ciudad celebrado este martes demuestra cual ha sido el objetivo primordial del primera vara de Cort durante este mandato. Isern sabía y sabe que será juzgado por los ciudadanos por su capacidad de gestión. Ha dejado muy claro que Palma es hoy una ciudad mucho más saneada que hace tres años en sus objetivos públicos. La política que ha desarrollado le permite haber recortado el déficit y mantenido la estabilidad institucional sin tener que acudir a la subida desaforada de impuestos. De hecho, los mantiene congelados. Eso consigue transmitir seguridad a la ciudadanía. Aporta la sensación de un Ayuntamiento ordenado y serio por muchas dificultades de liquidez que atraviese.
Sin embargo la acción política basada en la austeridad arrastra serios inconvenientes. Objetivos irrenunciables como la conclusión del Palau de Congressos continúan de momento aparcados. También el Govern Bauzá se encuentra inmerso en una política decidida de recortes en las inversiones y ello ha impedido la imprescindible colaboración entre ambas instituciones.
Otros grandes sueños de Palma, como la demolición del vergonzoso Lluis Sitjar o seguir avanzando en nuevas fases del Parc de Sa Riera, quedan de momento en el congelador. Es comprensible y justificable en tiempos de crisis. Pero no hay que bajar la guardia mirando en el futuro. Una institución saneada o en camino de serlo se convierte en un trampolín de recuperación cuando regresan los buenos tiempos. Pero también es lógico que los ciudadanos esperen más iniciativas de sus munícipes. En todo caso, si Isern vuelve a ser candidato el año que viene podrá ofrecer un balance de saneamiento institucional nada desdeñable.
Toda acción política en tiempos de depresión tiene claroscuros. Es inevitable. Pero Isern ha sabido mantener la esperanza de sus conciudadanos insuflando todo el optimismo que ha podido arrancado de la mejor arma posible en sus manos: una buena gestión, el administrar coherentemente hasta el último céntimo. De eso se ha vanagloriado en el debate, y ése es un importante activo en su poder de cara al futuro.