Hoy, es el día de los Santos Inocentes. Y “Los santos inocentes” es una novela del literato Miguel Delibes publicada en 1981 y ambientada en los terrenos de un cortijo de Extremadura en la década de los sesenta. Los protagonistas, una familia de campesinos con cuatro hijos que viven en una humilde casa y que están al servicio de los señores del cortijo trabajando, obedeciendo y soportando humillaciones sin queja alguna. Hasta aquí, esta obra narrativa de denuncia moral e injusticia social provoca sentimientos que si bien en su momento pretendía ser el fiel reflejo de la jerarquización de la sociedad y de la deshumanización de los menos favorecidos, hoy podríamos trasladar esa misma denuncia a las decisiones políticas en materia educativa que plantea el Gobierno de España.
Así pues, en este sentido, la única aspiración de esta humilde familia es que sus hijos estudien para que tengan un futuro mejor, unas oportunidades mejores. Al igual que esos padres, actualmente son muchas familias las que persiguen el mismo fin que aquélla de finales del siglo veinte.
quieren que sus hijos tengan un futuro lleno de oportunidades con las que progresar y crecer como personas.
Ese deseo quizás sólo quede en eso, en un deseo, puesto que el Gobierno de España no piensa disminuir la velocidad y pisar el freno de la reforma educativa. Y no, no es una inocentada. Al igual que no lo es que Baleares presente los peores resultados educativos de España y que sitúe por debajo de la media de la Unión Europea. Y no lo digo yo. Lo dicen los datos extraídos del Índice Sintético de Desarrollo Juvenil Comparado de este mismo año. Aunque estos resultados tampoco suponen ninguna novedad.
De todos es sabido nuestra situación educativa. Al igual que también de todos es sabido que el actual Govern tenía interés en presentarse este próximo 2019 haciendo gala y luciendo datos educativos mejorados, en aras a colgarse unas cuantas medallas políticas. Pero la realidad es más bien contraria a esos deseos. La educación es un caos. En cuatro años no se ha sido capaces de mejorar nada de lo que se había dicho que se mejoraría; más bien, todo lo contrario. Con las decisiones adoptadas, más allá de mejorar la situación lo que han provocado ha sido un empeoramiento notable de la calidad educativa.
Al final se demuestra, una vez más, que los partidos políticos utilizan la educación como un arma política. Nelson Mandela dijo que la “educación es el arma para cambiar el mundo”; pero no es el arma para hacer política. Como profesor de lengua les propongo ahora jugar con el lenguaje. Deconstruyamos la palabra arma y convirtámosla en la palabra amar. Si los políticos que nos gobiernan amasen no harían esto con la educación de nuestro país. Y esto sí que no es una inocentada.