Como cabía esperar, Xelo Huertas planta batalla y pretende paralizar su cese en la presidencia del Parlament hasta que los tribunales se pronuncien sobre su expulsión de Podem Illes Balears. Está por ver que los integrantes de la Mesa se avengan a su pretensión, pero está claro que Huertas no es mujer que se deje pisotear. Es absolutamente comprensible que la diputada expulsada de Podem junto a Montse Seijas se revuelva contra una decisión que considera injusta porque no considera haber hecho nada para haber sido apartada de su formación política nada menos que bajo la acusación de corrupción.
Sucede que la formación que lidera Alberto Jarabo ha trasladado sus problemas internos a las instituciones y con medidas sin precedentes en la historia democrática de Balears, con el pretexto de la aplicación de su Código Ético, ha expulsado al 20% de sus diputados, una de las cuales es presidenta de la Cámara. Y ahora pretende que Huertas acepte dócilmente que la expulsión de su grupo parlamentario conlleve también abandonar la presidenta, cuando ella lo es porque así lo votó el pleno por mayoría y en buena lógica, ha de ser el pleno quien la remueva del cargo.
La Mesa del Parlament ha de resolver este dilema, pero no se puede pretender que sea Huertas la que solucione un problema que ella no cree haber causado. Jarabo debió pensarlo bien antes de actuar del modo en que lo hizo, por unas disensiones dentro de su grupo por su apoyo a los presupuestos del Govern. La política está para solucionar problemas, no para causarlos, aunque es dudoso que Podem acepte esta premisa.