Pues ya estaría. Cataluña pacificada, y España también, o casi. De Via Laietana a Ferraz nuestro país en breve se convertirá en un paraíso de libertades gracias a una minoría de buenas personas que con su generosidad y amplitud de miras silenciarán a una mayoría de fascistas, resentidos, nostálgicos, miopes, rencorosos, prevaricadores, represores, mezquinos, ignorantes, jacobinos mesetarios incapaces de aceptar un resultado electoral que permite a un partido que recibió poco más del uno por ciento de los votos humillar a otro que obtuvo el 31%.
El matiz es importante. Puigdemont no humilla a España ni a los españoles con esos cuatro folios bochornosos en los que el número tres del PSOE ha estampado su firma. Según la RAE humillar es “herir el amor propio o la dignidad de alguien". Un individuo que huyó del país y de sus responsabilidades en el maletero de un coche no está en disposición de provocar la humillación de ninguna persona decente. No lo estuvo durante años denigrando a España y sus instituciones en cada comparecencia pública, y tampoco lo está ahora que se pasea por el Parlamento Europeo con sonrisa canallesca y contoneo de chuloputa poligonero.
A quien humilla el prófugo es al PSOE. Por eso Santos Cerdán no parecía especialmente alegre anunciando en Bruselas un acuerdo bochornoso que permitirá a su jefe mantener su domicilio en el palacio de La Moncloa. El secretario de Organización del PSOE tiene un aire a Manolito, el amigo de Mafalda obsesionado por el dinero. Sánchez y Santos son las SS del PSOE obsesionadas por el poder a cualquier precio, arramblando con lo que sea necesario.
Suena fuerte lo de las SS, pero es que una de las especialidades del servicio de inteligencia en la Alemania nazi era estigmatizar a todo individuo que se opusiera al régimen. Es inconcebible que un demócrata convencido pueda plantear sin sonrojarse el dilema “amnistía o gobierno de la ultraderecha”, sobre todo cuando el que lo plantea ha perdido las elecciones. Provoca entre pena y asco comprobar cómo personas medianamente informadas se tragan una falacia tan burda. Sin duda esta es la gran victoria de Sánchez.
Es cierto que hay gente en el PSOE asustada en silencio con este pacto ignominioso. Seguirán en silencio, claro, pero en el fondo conocen el motivo de la indignación social. Saben que para mantenerse en el poder su partido ha entregado lo que no es suyo al independentismo catalán. Saben que han ofendido a miles de funcionarios que en los días más aciagos cumplieron con su deber legal y moral. Saben que algunos de esos ofendidos son servidores públicos que votaron al PSOE, y que hoy se avergüenzan de ese voto.
Hay que tener cuajo y un afán desmedido por seguir en la poltrona para admitir por escrito una patraña según la cual se deduce que el juez que cazó a un sujeto con millones en Andorra ocultos al fisco es un prevaricador porque no cayó en la cuenta que estaba juzgando a un independentista. Como ha apuntado de manera críptica Felipe González, ETA mataba y secuestraba por motivos políticos. ¿Por qué no una amnistía para ellos también? ¿Sólo porque hubo muertos? Si una motivación ideológica basta para eliminar el delito nos podemos olvidar de las víctimas del terrorismo, tan pesadas ellas con su memoria y su insistencia en juzgar los crímenes no resueltos.
De todas las aberraciones que recoge ese papel infame la más disolvente para nuestro sistema constitucional es sin duda la del lawfare. Todas las asociaciones de jueces, incluidas las progresistas, han criticado esta falsedad que sitúa de facto a nuestros tribunales a la altura de los de la Argentina de Videla o la Venezuela de Maduro. A partir de ahora si usted elige la ideología correcta podrá trocear contratos para dárselos a un amigo, o podrá apedrear policías y destrozar el mobiliario urbano si la causa es justa, por ejemplo la independencia de Cataluña. Se inicia un viaje peligroso cuando se distingue entre violencias buenas y malas.
Hoy más que nunca es necesario aguantar que nos llamen fachas, melodramáticos, reaccionarios hiperventilados que no aceptamos el futuro de concordia que nos traerá el nuevo gobierno. Hay que resistir escribiendo y protestando pacíficamente porque a estas alturas a Sánchez sólo le queda un camino para sobrevivir a este escarnio: el de la desmemoria colectiva, la apatía social, la equidistancia con los que se declaran enemigos de nuestra constitución.
Dijo Santos Cerdán para justificar el trágala de Junts que “es hora de conceder a la sociedad catalana otro horizonte”. A la vista de los resultados en las últimas elecciones esto es mucho decir. En cualquier caso es una lástima que no se acordara del horizonte del resto de la sociedad española, o al menos de esa amplia parte que siente que su jefe ha traicionado el pacto constitucional por siete miserables votos necesarios para su investidura.