Un monárquico de Palma me para en la calle para expresar su enfado con las instituciones, que dejan el gobierno. No han hecho nada, asegura, para que los reyes mantengan sus vacaciones en Mallorca. Se queja, que los palmesanos no se hayan manifestado a favor de la presencia de los reyes. Palma, era su ciudad, ahora se van lejos de nosotros.
Yo intento explicar mi opinión sobre esta cuestión. No es fácil hacer comprender a un monárquico que, los comunistas y anti sistema no les quieren. Mis alumnos de Protocolo, en la Escuela de Turismo Felipe Moreno-Nebrija, piensan que, la monarquía, es una institución antigua, arcaica. No entienden que alguien tenga poder, sin que nadie le haya votado.
Así les han enseñado en el bachillerato. Puede parecer un tema sin importancia, pero es un tema crucial para entender nuestra sociedad. Nuestra cultura social era monárquica. Pero ahora se debate entre nacionalismo y república. Pero no nos desviemos del punto de interés. Los mallorquines han dado miles de muestras de cariño hacia la familia real española. Los verdaderos embajadores de nuestra cultura.
Los reyes siempre han sido respetados, apreciados y queridos por el pueblo de las islas. Solo algún lerdo, inculto e iletrado, se ha manifestado en contra de su presencia. La única manera que ha tenido de figurar ante sus amigos. Ahora, que Juan Carlos paga sus defectos con la condena del telediario, en todas las cadenas de radio y televisión, es muy fácil insultarle.
Así somos los españoles, que siempre hemos hecho astillas del árbol caído. En una sociedad en la que respetamos los derechos sexuales de todas las personas, nos permitimos criticar que un rey, se canse de su esposa, y se busque otras ilusiones. Quienes somos nosotros para criticar. El que pueda, que lance la primera piedra. Viva el orgullo LGTB, pero un rey debe dar ejemplo de familia normal. Qué asco que me dan algunos tertulianos.
Y sobre homenajes, le cuento que los Rotarios del Rotary Club Mallorca, impulsaron un homenaje a la reina Sofía, en reconocimiento a su apoyo a la cultura, asistiendo, cada año, al tradicional concierto del lunes de semana santa en la Catedral. Un grupo de rotarios nos reunimos con doña Sofía en las dependencias del Palacio de la Zarzuela. Fue una reunión muy interesante, la reina no paraba de hacerme preguntas sobre Palma, las islas, cómo estábamos… Hablamos de todo. Me salté el protocolo y le dije que estábamos muy orgullosos de su relación con Baleares, con Palma.
Le agradecíamos su apoyo, pero sobre todo su señorío. Una reina tan profesional, merece el cariño de su pueblo, tanto por lo que hace, como por lo que calla. Esposa ejemplar, madre ejemplar y reina ejemplar. Por ello, le hicimos entrega de la máxima distinción de Rotary Internacional: el Paul Harris. Doña Sofía, enseguida se lo colocó sobre su vestido. Todo un momentazo de orgullo y felicidad para los presentes.