Vivimos el mundo al revés. Hemos pasado en poco más de 40 años, de vivir en una dictadura al todo vale.
Parece que todos los valores que aprendimos los que ahora somos adultos, ya no están de moda y no sirven mucho.
Es más nos encontramos en ocasiones, en situaciones realmente Kafkianas, en las que, los de mi generación, no sabemos reaccionar muy bien y esto se ve cada día en el entorno profesional.
Cuando alguien viene a una entrevista de trabajo lo primero que pregunta no es lo que tiene que hacer y hace una valoración de si sirve o no para el puesto, ni de la proyección que puede tener en in futuro. Pregunta solo por las vacaciones, las horas que deberá trabajar y por supuesto, su salario.
De hecho en más de una ocasión me han comentado que con las ayudas que están percibiendo, por ejemplo por ser más de una edad, madre soltera, desempleada….no le compensa trabajar.
Tras escuchar algunas ofertas me comentan que prefieren seguir en el paro cobrando las ayudas que ponerse a trabajar.
¡Esto en nuestros tiempos era impensable! Alguien nos podría haber tachado de vagos y eso, hace unos años, era impensable.
Pero las cosas han cambiado, los empleados se transmiten abiertamente que solo trabajan porque necesitan el dinero y que de lo contrario, nunca trabajarían.
En alguna ocasión me han llegado a decir, indistintamente del sexo, que ellos lo que quieren es quedarse en casa con sus hijos, pero que sus circunstancias les obligan a trabajar.
La terminología “realización personal”, ha pasado a un segundo plano, en el mejor de los casos se buscan experiencias que les sorprendan y les hagan sentirse bien.
Eso si, al menos conflicto al que se tengan que confrontar cogen las cosas y se van a sus casas, dando un portazo y de malas formas.
Y es curioso porque muchas de esas personas, cuando comienzas a trabajar con ellos, son seres inteligentes y muy capaces, pero con cero tolerancia a la frustración, ningún tipo de ganas de mejorarse como personas y cero valores.
Esto si, enseguida que pueden procrean como conejos, para enseñar a sus hijos esta forma de vivir y alardean de ser buenos padres o madres, porque sus hijos se crean en total libertad y sin normas.
Los demás nos encontramos a verdaderos monstruitos que, en cuanto se hacen mayores, no hay forma de dominar, “ninis” absolutos con cero motivación.
Y así va nuestra sociedad, esto si, después se nos llena la boca hablando mal de nuestros dirigentes, de lo poco capaces que son y de lo mal que lo hacen todo.
Tal vez deberíamos de mirar nuestro propio ombligo antes de hablar de otra persona porque ya se sabe que, cuando un dedo apunta a otro, los cuatro restantes te apuntan a ti.
Os dejo, queridos lectores, esta reflexión en este caluroso mes de julio, para comenzar el verano y aprovecharlo para seguir creciendo como personas.