España, el mejor país del mundo

Fernando Alonso ha declarado que los acontecimientos en Cataluña le provocan tristeza. "Yo he viajado por todo el mundo, conozco la mayoría de los países, no todos, y aseguro que no hay ningún país como España, ninguno. Ni por su riqueza, ni por sus gentes, por su variedad de carácter, gastronomía, de costumbres… Creo que somos sin duda alguna el mejor país del mundo y deberíamos valorarlo mucho más y ser mucho más felices ", ha afirmado el asturiano.

Me parecen unas declaraciones excelentes y llenas de sentido común, por lo que he procedido al inmediato reenvío masivo del vídeo. Nos estamos complicando la vida, y no precisamente en el buen sentido, implicándonos en actividades positivas para mejorar la sociedad, sino empantanándonos en debates absurdos que no conducen a nada.

Como abogado que soy, me encanta solucionar problemas para mis clientes, y el método más rápido y conveniente suele ser alcanzar acuerdos razonables con la otra parte. El problema viene cuando la otra parte no es razonable, a menudo porque no está bien asesorada. Hay compañeros abogados que tampoco son razonables, e incluso algunos buscan interesadamente el pleito, para cobrar más. En tales casos, no queda más remedio que acudir a los tribunales.

Con los separatistas me temo que pasa algo similar: están mal asesorados, o aún peor, se dejan guiar por espabilados que buscan el conflicto por su propio interés. ¿Es ésta una afirmación exagerada? Yo creo que no, porque cuando una parte pide imposibles, está claro que o no es consciente de la situación, o no tiene voluntad de alcanzar acuerdos. Y los separatistas piden imposibles, como podrán observar a continuación, con algunas sencillas explicaciones de primero de Derecho.

El artículo 2 de la Constitución Española dice lo siguiente: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.”

Por tanto, la escisión de parte del territorio nacional requeriría una modificación de la Constitución. Ningún problema: ella misma prevé el procedimiento para reformarla. El artículo 168 establece que para modificar el artículo 2 sería necesario que lo aprobara cada Cámara, Congreso y Senado, por mayoría reforzada de dos tercios. A continuación, se disolverían las Cortes y se celebrarían elecciones, tras las que las nuevas Cámaras elegidas deberían ratificar la decisión, nuevamente por mayoría de dos tercios. Por último, la reforma se sometería a referéndum para su ratificación por todos los españoles.

Mientras no se modifique la Constitución, ni el Presidente del Gobierno, ni las Cortes, ni el Rey, ni nadie en España puede conceder la autodeterminación que algunos exigen.

  • Claro -dicen los separatistas-, es que esas leyes son injustas porque nunca podremos alcanzar esas mayorías.

Yo no voy ni a entrar en si son justas o injustas. La Constitución se aprobó por referéndum, también en Cataluña, pero en fin. Es la ley, y punto. Nadie puede darles a los separatistas lo que piden. Luego piden imposibles.

  • Vamos a sentarnos a negociar -dicen cínicamente a Pedro Sánchez- sobre la autodeterminación.

Como si yo exijo sentarnos a negociar para que me den un millón de euros porque sí. El funcionario que me lo diera se arriesgaría a acabar en prisión. Es una exigencia absurda, como la mayoría de sus argumentos, que no hay por dónde cogerlos. Desde el de que democracia es votar cualquier cosa que se les antoje, ignorando los procedimientos legales, hasta el supuesto derecho de autodeterminación (derecho a decidir, que suena mejor), que la sentencia del Supremo desmonta totalmente, porque no hay norma ni tratado internacional que lo respalde.

Señores separatistas, abandonen toda esperanza. El esfuerzo inútil sólo conduce a la melancolía. Lo que piden es jurídicamente imposible, ¿no se lo han dicho sus líderes? A ver si les están engañando, como con el 1-O y la declaración de la república simbólica. Sólo pueden alcanzar su objetivo convenciendo a la mayor parte de la población española, y no tiene pinta de que lo puedan conseguir, y menos mediante la violencia. ¿O es que democracia para ustedes significa que los demás votemos lo que ustedes quieran? Eso en mi pueblo no es democracia, sino coacciones. Olvídense y disfruten de este gran país, que también es suyo. Todo él, como Cataluña también es de todos, incluyendo sus calles y sus aulas.

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