Aunque nos creemos que ya hemos callo de todo y que nuestra capacidad de sorpresa ha llegado al límite, algunos hechos de la vida siempre nos sorprenden. Eso es lo que pasa con la muerte cuando nos toca de cerca. Mucho hablar de ella, sin tener repajolera idea ya que siempre nos sorprende cuando y como aparece. Pero hoy no va de esto. Yo llevaba un ayuno televisivo de más de tres meses. Me decidí por una abstinencia televisiva casi total, salvo la adicción compulsiva que tengo por la serie The Big Bang Theory, que es para mi cerebro un chute de serotonina y dopamina en sangre. Con esta serie de personajes raros pero nada acomplejados no puedo seguir una pauta homeopática. De hecho veo de forma repetida muchos capítulos de los cuales ya he disfrutado. Mi música límbica se afina con los gags de la serie. La recomiendo a muchos de mis amigos y de mis pacientes. Ahora bien, llevado por un aburrimiento extremo, no resuelto por mi mediocre mindfulnes y tras un zapping de más de diez minutos buscando desesperadamente a Sheldon y su colla, empecé a ver un programa de tertulia que pretendía hacer análisis político y que era más bien un gallinero desafinado donde, tras unos y otros competían por el galardón de de-sustanciado. Eran seis periodistas totalmente radicalizados en dos bloques. El tema era el de menos, aunque ahora el trend topic es los resultados de las elecciones andaluzas. Mi aburrimiento después de darle un periodo de gracia al programa de unos diez minutos aumento a cotas más elevadas que el Everest. MI reacción inmediata fue cambiar de programa, ya que tras los 60 años, mi sensación del tiempo se ha acortado y lo valoro mucho más y me sentía culpable de estar escuchando los análisis perfectamente prescindibles y simplistas que hacían todos. Nadie escuchaba a nadie. Era un mogollón dilemático (malos y buenos trufado de paranoias simplistas y reduccionistas), donde la deliberación y a veces el respeto brillaba por su ausencia. Todo esto era “moderado” por un entrevistador que distribuía asimétricamente el tiempo y las intervenciones de los contertulios. Aburrido hasta la saciedad.
Por otra parte en la prensa ha parecido de forma relevante como una periodista de una cadena se desplazó a Marinaleda donde parece ser que el monopolio monolítico ideológico se ha quebrado, porque en las últimas e- lecciones andaluzas, tras más de 35 años de gobierno socialista, unos cuarenta y pocos vecinos han votado al partido Vox y eso es una gran y escandalosa noticia, que hay que airear de forma obscena buscando casa por casa a los malos ciudadanos que han decidido libremente no adherirse al pensamiento único y totalitario. Con dos ovarios.
¿Con que objetivo? A mí se me ocurre que para estigmatizarlos, avergonzarlos, atemorizarlos y hacerles el espacio social más hostil e inhóspito. Sobran calificativos para este tipo de violencia coactiva, imprudencia y primitivismo con la que se deshumaniza el entorno social y faltan vergüenza y valores, no todo vale para conseguir subir efímeramente la audiencia.
La reportera no estuvo mucho tiempo en el pueblo pero el conflicto y el merde se han quedado allí. Su espacio televisivo ha generado un espacio persecutorio y paranoide en Marinaleda donde probablemente no todos quepan y se sientan incluidos.
Es bueno para la salut mental tomar dosis homeopáticas de unas televisiones pretenciosas y con gran déficit de valores éticos que nos inundan de opiniones sesgadas, que intentan manipularnos y en las que no existe pluralidad ni espacios deliberativos maduros.
Si el respeto es un valor que no tiene precio porque escasea tanto.
Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.