Una de las personas que mejor conocen la realidad socioeconómica y demográfica de Baleares en estas últimas décadas es el catedrático Pere A. Salvá (Palma, 1950). Doctor en Geografía por la Universitat de Barcelona, desde 1987 es catedrático de Geografía Humana, labor que ha venido desempeñando en la Universitat de les Illes Balears. Además, en 1996 fue investido doctor 'honoris causa' en Ciencias Sociales por la Universidad Tecnológica de los Andes, en Perú.
¿Cuál es la principal diferencia de esta pandemia con respecto a las anteriores?
Hasta ahora, las grandes pandemias habían estado muy localizadas. Así, en su momento había habido pandemias en África o en Asia, pero no habíamos visto ninguna mundial, como ocurre en este caso. Además, eso es algo que nadie esperaba. Por otra parte, por ahora no sabemos qué pasará en el futuro, lo que seguramente nos obligará a replantearnos muchas cosas.
¿Qué podemos aprender a nivel económico de esta pandemia?
La pandemia debería dar pie a hacer un diagnóstico sobre las fortalezas y debilidades de Baleares. Sería una labor que deberían llevar a cabo no sólo las instituciones, sino también las universidades y otras entidades de la Comunidad, con la vista puesta en el largo plazo. Se trataría de poner en marcha un plan estratégico, con acciones y programas concretos. Si no lo hacemos así, la situación económica será seguramente todavía un poco más compleja.
"Una gran parte de la población extranjera que tenemos aquí es residencial y no laboral"
¿La pandemia provocará que los inmigrantes que hay en Baleares regresen a sus países?
Aún no sabemos muy bien qué pasará, entre otras razones porque desconocemos hasta cuándo durará esta pandemia. Las consecuencias económicas negativas que ya se ven ahora, como el cierre de hoteles, todavía no nos permiten vislumbrar si habrá un retorno de los inmigrantes a sus países natales o si estas personas permanecerán en las Islas a la espera de ver si el próximo año se reactivará el turismo. En cualquier caso, pienso que no se mantendrá la curva ascendente poblacional de estos últimos años en Baleares, incluido 2019. Según los últimos datos oficiales de que disponemos, a 1 de enero de 2020 la población en la Comunidad había aumentado en 21.543 habitantes con respecto a doce meses antes, por lo que al empezar este año teníamos 1.171.003 habitantes en total en las Islas.
¿Es difícil poder vislumbrar entonces qué pasará?
Exacto, así es. Además, hemos de tener también en cuenta que una gran parte de la población extranjera que tenemos aquí es residencial, no laboral. Son los ciudadanos alemanes, ingleses, austríacos, suizos o de otros países europeos que residen en Baleares. En principio, no se verán tan afectados como otros colectivos por la actual crisis económica. La situación de crisis afectará sobre todo a la población latinoamericana, magrebí o africana, conformada por migrantes laborales. En estos casos, dentro de un tiempo se pueden llegar a crear bolsas de pobreza o de exclusión. Eso sería algo que indirectamente podría favorecer que dichos migrantes laborales tomasen la decisión de regresar a sus países de origen, si bien el retorno es difícil en estos momentos por el cierre momentáneo de algunas fronteras.
"El turismo de más calidad posiblemente se mantendrá una vez superadas las actuales circunstancias"
¿Se suelen integrar los migrantes laborales en Mallorca?
Inicialmente, les cuesta un poco integrarse, más allá de su posible nacionalidad. Es algo que no sólo ocurre aquí, sino en la mayoría de países. Hemos de tener en cuenta que cuando los migrantes laborales llegan a un lugar desconocido, lo primero que suelen hacer es intentar contactar con personas con una cultura y unas costumbres parecidas. Como le decía, eso es algo que ha pasado en otros países, especialmente en Estados Unidos o en Canadá. Piense que hasta la tercera generación, los migrantes laborales suelen estar muy supeditados a sus orígenes. A partir de esa tercera generación, intentan integrarse ya completamente.
¿Diría que hay problemas de segregación?
Bueno, por una parte rechazamos a veces a los inmigrantes, pero por otra parte percibimos que los necesitamos, por ejemplo cuando pensamos en cuestiones concretas como la natalidad o las pensiones. A partir de ahí, si en el futuro la economía se reactiva y va bien, necesitaremos a muchas personas en el mercado laboral. Ahora bien, todas ellas deberían tener no sólo las mismas obligaciones, sino también los mismos derechos.
Hace apenas un año algunas voces decían que "sobraban" turistas, y ya ve ahora...
Sí, es cierto —sonríe—. La percepción de que "sobraban" turistas tenía que ver con el hecho de que en los últimos años había una fuerte presión demográfica por la continua llegada de visitantes. En aquel momento, era necesario establecer estrategias para estabilizar la situación. El año pasado, por ejemplo, vinieron a Baleares algo más de 16 millones de turistas. Lo que ocurre es que ahora hemos pasado a la situación contraria. Además, como le he indicado ya, la falta de turistas creará una importante problemática laboral y social, pues decenas de miles de trabajadores de Baleares dependen directa o indirectamente del sector turístico. En ese contexto, insisto en que sería necesario que, en función de las circunstancias, hiciéramos un plan estratégico para saber hacia dónde queremos ir y qué tipo de turismo deseamos.
"En su momento Palma llegó a tener más del 50 por cien de la población de Mallorca"
¿No deberíamos haber hecho ese plan estratégico hace ya algunos años?
La verdad es que ya a partir de la primera crisis importante, que fue la crisis del petróleo de 1973, fuimos ideando diversos planes e incluso llegamos a escribir más adelante dos libros blancos del turismo, en donde se proponían posibles alternativas al actual modelo aún vigente. Sin embargo, si ahora nos preguntásemos en qué quedó todo aquello, la respuesta sería que prácticamente en nada. Los citados planes eran más bien "cosméticos", cuando lo que siempre ha hecho falta en las Islas ha sido contar con un plan estratégico, para saber qué es lo que tendríamos que potenciar en este caso.
¿Cuál ha sido nuestro talón de Aquiles?
Yo diría que no hemos sabido planificar. Cada vez que en el pasado había una crisis, nuestra economía entraba momentáneamente en la UCI, pero como al final lográbamos salir de esa situación, luego no hacíamos nada. Así nos pasó por ejemplo a principios de los noventa, después de la primera guerra del Golfo, cuando llegamos a tener unos 800.000 turistas más al año, que eran viajeros que habían dejado de ir a otros destinos por temor a posibles conflictos en esos lugares. Sin embargo, en lugar de planificar de cara al futuro, lo que hicimos fue seguir creando plazas hoteleras. Esa es una de las razones por las que ahora nos encontramos con el actual excedente de oferta con respecto a la demanda. En cualquier caso, también es verdad que hasta marzo de este año nadie imaginaba que podríamos encontrarnos hoy en esta situación.
¿Seguirán viniendo turistas en el futuro?
Bueno, seguramente la crisis afectará más a los turistas de los países que ahora mismo se encuentran en peligro de recesión y que en el futuro previsiblemente contarán con un poder adquisitivo más bajo. En cuanto al turismo de más calidad, posiblemente se mantendrá una vez superadas las actuales circunstancias.
¿Cuándo surgió la actual pasión de muchos alemanes por Mallorca?
Los primeros que compraron fincas en Mallorca fueron los ingleses, pero a partir de mediados de los años ochenta pasaron a ser ya mayoritariamente los alemanes. Ese cambio se produjo porque los alemanes empezaron a valorar, por ejemplo, que desde la mayoría de aeropuertos de su país se podía llegar a la isla en una hora y media como máximo. Además, también les gustaba nuestro clima y la tranquilidad del estilo de vida mediterráneo. Ese sentimiento positivo se ha ido manteniendo en las décadas posteriores. En la actualidad, alrededor de 70.000 alemanes pasan al menos una parte del año residiendo en Mallorca.
¿Los palmesanos soñamos ahora con volver a la Part Forana?
Hay un cierto movimiento en ese sentido, sí. Podríamos decir que si en los años cincuenta la gente abandonaba los pueblos para venir a Palma, desde los años noventa estaría sucediendo en cierto modo lo contrario. Eso se ve especialmente en las urbanizaciones creadas recientemente en Marratxí, Llucmajor o Calviá. En principio eran residencias secundarias y ahora son ya principales. Cabe recordar que en su momento Palma llegó a tener más del 50 por cien de la población de Mallorca, una cifra que en los últimos años ha ido a la baja. Ese porcentaje era antes tan elevado porque la capital estaba bien conectada con otros municipios y porque la actividad económica estaba muy concentrada entonces en la capital. Ahora, con el desarrollo de las nuevas tecnologías y del trabajo online ha habido también un cambio en ese sentido.
"La pandemia debería dar pie a hacer un diagnóstico sobre las fortalezas y debilidades socioeconómicas de Baleares"
En general, ¿ha subido o ha bajado la natalidad en estos últimos años?
En Baleares está bajando la natalidad desde hace ya algún tiempo. Años atrás, a raíz del incremento en la llegada de la inmigración laboral, había estado subiendo, pero esa situación cambió con la crisis de 2008. A ello habría que añadir que tenemos una población cada vez más vieja. Ahora mismo, por ejemplo, las personas de más de 65 años superan a las de menos de 15 años de edad. Así, en las Islas tenemos hoy unas 183.000 personas mayores de 65 años, mientras que las menores de 15 años son unas 173.000 en total. Esa tendencia se inició hace apenas cuatro años.
Bueno, no quiero decir que sea inviable, entre otras razones porque a partir del 30 de septiembre yo mismo pasaré a ser un jubilado —sonríe de nuevo—. Es una cosa que me preocupa, porque la "hucha" de las pensiones está vacía en estos momentos. Otro dato a tener en cuenta es que en España más del 20 por cien de la población tiene hoy más de 65 años. En ese contexto, pienso que el actual sistema de pensiones se tendrá que cambiar al menos en parte.
¿Cuál podría ser una posible solución?
El problema de las pensiones no es la "hucha" de las pensiones en sí, que se creó cuando había un mayor porcentaje de gente joven y de población activa que ahora. Esta situación empezó a cambiar en España a partir de los años ochenta, con una población cada vez más envejecida desde entonces. Ante una situación parecida, otros países han optado por incluir las partidas de las pensiones en los Presupuestos anuales, lo que en el caso de España implicaría una subida de impuestos.