La empresa privada contratada por el Ajuntament de Palma para notificar las multas que la Policía Local y los agentes de la ORA imponen a los ciudadanos con una alegría pasmosa, no notificaba las sanciones. Falsificaba las notificaciones, lo que suponía que los sancionados acabasen pagando el doble o el triple de la sanción inicial, por recargos, apremios y demoras.
La Policía Local ha arrestado a la responsable del chiringuito, devenido en una mafia que actuaba al amparo de la Administración Local, y a cuatro notificadores que no notificaban las multas, sino que al parecer y siempre presuntamente, habrían falsificado 23 notificaciones distintas entre comienzos de 2020 y el otoño de 2021, por lo que habría al menos 18 perjudicados, según ha informado la Policía Nacional.
Nada se ha dicho de los casos en que ni siquiera iban al domicilio a intentar la notificación, cuando los moradores estaban en sus hogares. A mí mismo me ha pasado en multitud de ocasiones. Me enteré de que había sido denunciado cuando la Agència Tributaria de les Illes Balears ya me había metido mano en la cuenta bancaria. Eso, se mire por donde se mire, es robar. Y es algo que se ha hecho en nombre de Cort.
Resulta increíble que tras saltar a la opinión pública este escándalo, ningún responsable municipal haya comparecido para anunciar su personación como acusación popular contra esa mafia y a pedir perdón por haber confiado tan importante tarea a una banda de delincuentes. Dado que no lo han hecho, deberemos sospechar que ellos tienen algo que ver, porque de otro modo, no se comprende.
Yo confiaba en que el alcalde José Hila, o el portavoz de Cort, Alberto Jarabo, o algún otro responsable municipal, saldría a dar alguna explicación. Pero no, están liados tuiteando sobre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. Parece que les preocupa mucho la corrupción en Madrid, pero la que aquí se ha estado haciendo con el logotipo del Ajuntament y en su nombre, no les importa demasiado.
Lo descubierto por la Policía Nacional porque los perjudicados se hartaron de ser atracados y denunciaron en comisaría, es sólo la punta del iceberg. Las multas en Palma se han multiplicado exponencialmente y con ellas, la recaudación por sanciones. El descaro es tanto que no se cortan en presupuestarlo en las cuentas anuales. Pero que encima hicieran pagar a los sancionados con recargos abusivos, cuando ni siquiera se les notificó la sanción y por tanto, no pudieron recurrirlas, eso lo supera todo.
No hacía falta nada más que ir a ese chiringuito junto a las Avenidas para ver que los ciudadanos les importaban un bledo. Ahora sabemos que nos robaban. En nombre de Cort.