Desde hace algo más de 15 años me dedico al Coaching y la Inteligencia Emocional, un mundo que realmente me parece fascinante. No obstante de un tiempo a esta parte, empieza a cansarme el hecho de ver en internet y en los medios de comunicación, anuncios, slogan, formaciones y demás asuntos que nos llevan a las emociones facilonas y lacrimógenas, en muchas ocasiones uniéndolas a personas que, o han sufrido un accidente traumático, o alguna enfermedad o nacieron con malformaciones, lo que al contrario de emocionarme me incomoda porque pareciera que la única manera de llegar a los demás es a través de los dramas y traumas ajenos.
Y una vez más, uno todo esto al concepto de felicidad actual, que nos inculcan, en el que si no somos felices las 24 horas al día, somos menos que los demás.
Ya en mi primer libro publicado en 2012 “Coaching para Torpes”, explicaba que la felicidad no tiene varitas mágicas y que es mentira que todos podamos tenerlo todo y conseguir todo sin esfuerzo, como muchos se empeñan en decirnos ahora y que la felicidad es más bien un tema de actitud ante la vida y de miles de circunstancias con las que debemos aprender a lidiar cada día.
Esa necesidad de llegar a las personas a través de emociones facilonas, a muchas personas con dos dedos de frente, les hace sentir rechazo ante todo aquello que tenga que ver con el plano emocional, lo que es totalmente contraproducente para nuestro sector y para las personas en general, puesto que, sin duda alguna el saber gestionar las emociones y hablar de ellas es muy importante para los seres humanos, siempre y cuando se haga desde la Inteligencia y no desde la necesidad que tienen muchas campañas de marketing de vender productos a través de emocionar a las personas de una forma negativa.
Y esta reflexión va más allá porque, ¿en qué sociedad estamos viviendo que necesitamos de historias duras para ablandar nuestros corazoncitos, o ¿es qué no es suficiente el sufrimiento humano que viven cada día las personas que están a nuestro alrededor? .
Algo pasa en nuestra sociedad para que tengamos que recurrir a este tipo de estrategias para que ls personas se movilicen por dentro. ¿Acaso vivimos en una sociedad tan carente de valores que solo a través del drama ajeno, somos capaces de ayudar a nuestro prójimo?
Un día más necesitamos, queridos lectores, reflexionar sobre que nos mueve por dentro y dónde se sitúa nuestra escala de valores.