88. Ochenta y ocho son los días que han pasado desde las pasadas elecciones generales, desde ese 28 de abril de este mismo año. 88 son los días que han pasado Sánchez, Iglesias y sus amigos mareando la perdiz, haciendo “como qué” cuando realmente no había intención de nada, interpretando este vodevil carente de ingenio y mucho menos de sentido del humor. 88 son los días en que socialistas y podemitas han estado jugando al juego de las sillas y ahora, detenida la música, todos se han caído al suelo.
Y en este circo que tenemos montado los tenemos a todos: al payaso listo y al payaso tonto, al malabarista y al ventrílocuo, al domador de leones y al ilusionista, y no podía faltar el número especial de, en este caso, la mujer bala. Todos nos han sorprendido alguna vez, nos han tenido en tensión, nos han hecho reír y hasta nos ha apetecido tirarles tomates en alguna ocasión para mostrar nuestra total desaprobación. Pero el fallo, no os engañéis, es nuestro. Por seguir pagando entrada para ver el espectáculo, por difundirlo en redes y medios de comunicación, por reír las gracias de unos y abuchear los comentarios de otros y, también, por haber levantado la mano con el pulgar hacia abajo con el gladiador equivocado.
Pero poco o nada importaría esto si no fuera porque la próxima fiesta (la de la democracia, digo) nos tocaría pagarla a todos (otra vez). Sí, unas elecciones cualesquiera cuestan del orden de 175 millones de euros, y ahora mismo, ese no es un gasto que me venga muy bien. Lo cierto es que llevamos gastados más de 500 millones en los últimos 4 años y la cosa va de mal en peor, lo que nos augura que, si nos vamos a elecciones el próximo noviembre, lo único que podremos llevar a cabo es un remake de “La cena de los idiotas”.
Y ahora ¿qué?, se preguntarán. Pues ahora se abre un periodo de reflexión veraniego de dos meses. Y aunque ni unos ni otros se merezcan ir de vacaciones hasta tener arreglado este desaguisado, ya se sabe que hasta un par de días antes nadie se pone a en marcha. Así es que hasta el mes de septiembre, el Sr. Sánchez, tiene de plazo para volver a reunirse con el Rey y en caso de tener algo medio atado, que éste le vuelva a proponer como candidato y vuelta a empezar. El último intento para ser Presidente del Gobierno, previo a otras elecciones.
Pero, ¿y qué pasa si no hay acuerdo? Que el próximo mes de noviembre habrá nuevas elecciones. Y si eso es así, ¿qué? Pues que empieza todo otra vez. Ponemos el contador a cero, borramos el disco duro para dejar espacio de almacenaje y nos sentamos frente a la caja boba para retroalimentarnos de nuevo. Tanto da lo que haya pasado. Poco importa la incapacidad de unos o las posibilidades de otros. Pero lo cierto es que el éxito se medirá por la abstención. Ganará el que consiga que menos de los suyos se queden en casa. Y parece que no descubro América. Lo sé. Pero creedme que con cuando me refiero a “los suyos” (de cada uno) estoy hablando de afiliados y simpatizantes, de ex altos cargos y de actuales representantes institucionales. Los más críticos. Quizás porque conocen demasiado. La abstención de estos puede ser clave. La ausencia masiva en colegios electorales, la huelga de brazos caídos durante la campaña y el “que vaya otro” a votar el día de las elecciones. Por principios, por disconformidad o por una total desilusión. Todo suma para después restar. Y muchos ya han restado demasiado.
88 días después, parecen inevitables otras elecciones. ¿Otras elecciones? ¡No, gracias!
Javi Bonet. Profesor del Master de Márketing de Eserp, Escuela de Negocios