El teniente coronel Hugo Chávez intentó un golpe de Estado en 1992. Detenido en el aeropuerto, Chávez ingresó en prisión, pero fue indultado unos años después. Acto seguido viajó a Cuba, donde ya dijo que había ido “infinidad de veces en sueños” y declaró su rendida admiración por Fidel Castro y la dictadura cubana.
Un Chávez aparentemente algo más moderado se postuló a los comicios presidenciales de 1998 y, tras obtener la victoria, se convirtió en presidente de Venezuela “rompiendo las cadenas de cuatro décadas, (…) cabalgando de nuevo el potro brioso de la revolución”, según sus propias palabras. Su campaña: “llegó la hora del pueblo”, acabar con la corrupción, etc. En entrevistas antes de las elecciones, un Chávez encorbatado negó que fuera a imponer una dictadura. Una vez en el cargo, juró formalmente que impulsaría “las transformaciones democráticas necesarias para que la república nueva tenga una carta magna adecuada a los nuevos tiempos”. En 1999 aprobó una nueva constitución y ya no dejó el poder, cada vez mayor, hasta su muerte, cuando lo heredó Nicolás Maduro. Por el camino, fundaron el Partido Socialista Unido de Venezuela.
Algunas declaraciones de Chávez que es interesante recordar hoy:
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“La distribución de la riqueza tiene que ser justa dentro de estos modelos económicos capitalistas. Hay que evitar la desviación del modelo capitalista neoliberal salvaje que es el que aquí se ha instalado. Vamos a movernos dentro del capitalismo, pero un capitalismo con otro rostro. Es decir, que la distribución del PIB llegue a todos los venezolanos.”
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“Maldito sea el soldado que vuelva las armas contra su pueblo. (…) En cuanto a la concentración de poder también coincido con Bolívar. Tanto es así que estamos proponiendo otro Poder, el Moral, para desconcentrar más el poder…”
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“Yo hubiera querido en estos 100 días haber podido reducir la pobreza. Pero es imposible. Lo haremos en su momento y de manera paulatina…”
Por tanto, hoy es evidente que su llegada y su ejercicio del poder se basó en la mentira. “Venezuela no es Cuba”, decían para calmar miedos. Pero pasaron los años, y ahora Venezuela es incluso peor que Cuba.
Lo que la gente no entiende es por qué con el socialismo se repite una y otra vez el mismo patrón: embelesan a los votantes con sus falsas promesas. Pero cuando llegan al poder, todo se va deteriorando lenta pero inexorablemente, a medida que dictan sus leyes y extienden sus tentáculos.
El socialismo fracasa siempre en lo económico, necesariamente, por una cuestión de pura teoría económica, que explicó el gran Mises ya hace casi un siglo: sin precios es imposible el cálculo económico. Y sin cálculo económico es imposible nuestra civilización. El socialismo siempre interviene los precios, como se propone ahora con el alquiler de viviendas, cuando el incremento del precio de la vivienda lo provoca la propia intervención del Estado a través de los bancos centrales, inyectando dinero en la economía.
Pero sin embargo, el socialismo es un éxito político: permite a sus líderes mantener un poder absoluto, total, durante décadas. Normalmente a cambio de un número terrible de víctimas, pero eso qué importa. Total, el socialismo mantiene su buena fama a pesar de los más de cien millones de muertes que ha causado en todo el mundo.
Los líderes de Podemos fueron instruidos en Venezuela. Dicen que asesoraban al Gobierno, pero no cuela: Chávez les asesoraba y financiaba a ellos. Hoy están a punto de entrar en el Gobierno. En Baleares son el segundo partido. El primero es el Partido Socialista. También está Més, igualmente socialista, si no comunista. El socialismo controla todas las televisiones, la cultura y la educación. Por eso España aparece en las encuestas desde hace años como uno de los países más anticapitalistas del mundo. Pero no se preocupen, España no es Venezuela y el peligro es la extrema derecha. Lo ha dicho La Sexta.