La presidenta del Parlament, Margalida Durán, ha decidido poner coto a los espectáculos en la Cámara, como la exhibición de banderas, camisetas y otras formas de llamar la atención por parte de diputados de la oposición. Ha convocado a los portavoces el próximo martes, una hora antes del inicio de la sesión plenaria, para advertirles seriamente sobre la cuestión. Sería conveniente que hubiera un acuerdo entre todos los presentes. La cámara de los representantes del pueblo no puede convertirse en un espectáculo continuo e interminable. Tanta salida de tono y tanto show acabaran por degradar a la más importante institución de las Baleares. Los diputados tienen el deber de comportarse debidamente e ir correctamente vestidos, de manera neutra, por respeto a los valores y principios que encarnan. Los espectáculos fuera de tono refuerzan un Govern que defiende un recorte drástico de diputados que debería aprobarse en la próxima legislatura, con el daño que esta medida podría hacer a la solidez del autogobierno. La fuerza de la oposición no debería residir nunca en numeritos de feria. Eso es efectismo a corto plazo que a la larga perjudica a quienes utilizan estas tácticas. La fuerza de la oposición está en el vigor de sus proyectos, la categoría de sus ideas y la consistencia de sus principios, seriamente expuestos con convicción, con claridad expositiva y con exquisita preparación en cada intervención y réplica. Todo parlamento democrático es el templo de las dotes oratorias, elevando la cultura política a sus momentos más sublimes. Hacer oposición es un ejercicio de demostración de inteligencia. Con estos mimbres, pleno a pleno, ironía a ironía, frase a frase y discurso a discurso, cualquier gobierno puede ser puesto contra las cuerdas. En la reunión del martes convendría que la presidenta Durán también afease actitudes de algunos de sus compañeros del PP. En la Cámara se han mostrado pegatinas a favor del aborto y ha habido demasiadas muestras de chanza y chirigota contra la izquierda, incluyendo palmadas sobre los escaños y pataleos, fruto de la prepotencia de quien se siente poseedor de la mayoría absoluta y, por tanto, piensa que es intocable. Craso error. Las chulerías no ayudan al sistema de convivencia. El único propietario de las mayorías absolutas es la soberanía del pueblo, que las da o las quita según considere. Es por este motivo que el PP debería mostrar mucho más respeto por la oposición. Comenzando por escuchar cada intervención y no irse a hacer pasillos cuando la presencia del diputado no es imprescindible. También aceptando las propuestas de los que no gobiernan cuando son coherentes, serias y asumibles. No cargárselas por sistema al amparo de un rodillo que se desvanece cada 48 meses. Mayor receptividad en el fondo, evitaría circos en la forma. Donde hay respeto y afán de colaboración, las camisetas, estandartes y pegatinas acaban por desvanecerse por si solas. Es entonces cuando la Cámara alcanza toda su altura, prestigio y dignidad.
