Hace tiempo que sostengo que Pedro Sánchez -como máximo representante del PSOE-, tiene como grandes referentes políticos a todos aquellos dirigentes y agrupaciones que se han afianzado en el poder durante larguísimos periodos de tiempo, tal como es el caso del nacionalismo catalán. Pues, si nos fijamos bien, en todas sus acciones políticas, podemos encontrar algún precedente similar en muchas de las decisiones tomadas desde el Palau de la Generalitat; sobre todo a partir del llamado “Programa 2000” con el que arrancó la catalanización de la enseñanza, de los medios de comunicación, de las entidades culturales y de ocio, etc., incluso del pensamiento.
Por ello, no nos debería extrañar excesivamente que el actual dirigente socialista intente convertir el “procés catalán” en el “procés español”. Pues de lo que se trata es de utilizar todos los resortes del Estado para dividir la sociedad en dos mitades desiguales, convirtiendo a una de ellas en la portadora de todos los males con la finalidad de sumar fuerzas en la otra.
El Pacte del Tinell, de diciembre de 2003, fue el primer paso en ese sentido y el “Muro” de sus más recientes discursos es la culminación de ese tipo de política. Un tipo de política encaminada, sobre todo, a dificultar, e incluso a evitar, la alternancia en el poder. Pues, de esta forma, también se elude la rendición de cuentas ante la ciudadanía y se amplía, por tanto, el margen de actuación de quien ostenta el Ejecutivo.
La alianza entre izquierdistas y nacionalistas es la dovela central del nuevo “procés español”, impulsado por los seguidores conscientes de Sánchez. Una alianza encaminada a posibilitar una reinterpretación de la Constitución para realizar una reconfiguración del modelo institucional que afiance el determinado reparto del poder que esperan conseguir.
Los nacionalistas se limitan a desear todo el poder en sus territorios, sin importarles lo que ocurra en el resto del país, mientras que Sánchez se limita, por su parte, a desear exclusivamente el poder nacional. Así ambas fuerzas pueden resultar complementarias. Dicho de otra forma, de momento, el pacto consiste en que los socialistas apoyan a los nacionalistas en sus comunidades a cambio de que éstos hagan lo propio a nivel nacional. Pero con el compromiso implícito de cambiar las instituciones y las reglas necesarias para garantizar la permanencia y la continuidad del pacto.
De esta forma, todo parece indicar que los nacionalistas no tienen tanto interés en lograr la independencia completa como en conseguir que “España” abandone sus territorios. Dicho en otras palabras, que el poder de los gobiernos nacionalistas no se encuentre con las limitaciones impuestas ni por la Constitución, ni por la legislación común. Algo que el PSOE está dispuesto a entregar sin mayores remilgos, pues de esta forma se asegura que su bloque electoral supere en número al alternativo.
Hablando todavía más claro, sin los votos de los ciudadanos catalanes el PSOE no puede gobernar España, por lo que no tiene ningún interés en la segregación territorial total. Pero tampoco tiene excesivo interés en gobernar Cataluña (ni las otras comunidades con fuerzas nacionalistas importantes) siguiendo el marco y el espíritu de la Constitución, ya que eso podría suponer romper sus alianzas con los nacionalistas. Por lo que el camino que parece seguir es la transformación institucional y jurídica antes señalada. Una transformación que tiene todos los visos de convertirse en una realidad durante esta legislatura, pues, Sánchez, de ninguna manera convocará nuevas elecciones sin la seguridad de que las pueda ganar, al tiempo que una moción de censura, hoy por hoy, está abocada al fracaso.
En definitiva, dentro de unos pocos años no habrá ni símbolos ni presencia institucional sustancial de España allí donde el nacionalismo es electoralmente relevante. Por todo dicho, en mi opinión, las fuerzas de la oposición ya no pueden -ni podrán- jugar al viejo juego de pujar por el apoyo de los nacionalismos, más bien tienen que constituirse como una alternativa clara y bien definida al procés capitaneado por el PSOE. Pues soy de los que piensan que la realidad del concepto “España” es lo suficientemente potente y real como para acabar convirtiéndose en mayoritaria.