Escribo este artículo antes del partido. No me interesa el resultado final. No me gusta el fútbol, ni el negocio del fútbol. Me parece una tontería que la gente viva un partido como si se tratase del futuro de su familia. ¡Que todos griten, canten, chillen y, de paso, insulten y agredan a los contrarios, qué asco que da! Comprendo que la violencia en los campos y en los aledaños de los estadios es la versión moderna de las luchas entre bandas. Los humanos somos violentos por naturaleza, y muchos hombres y algunas mujeres, quieren imponer su poder sobre el resto del clan utilizando todo tipo de violencia. Por ello, sabemos que solo se puede cambiar el estado natural de los humanos con la educación. El hombre nace libre, pero el ciudadano libre se hace. En el Contrato Social, Jean-Jaques Rousseau, va más allá y dice que el hombre vive siempre encadenado. A veces a sus miserias. Otras, a sus deseos, la mayoría, a sus miedos, y, desde siempre, a la diversión. El pan y circo de Roma, que se cambió por pan y toros durante el franquismo, ahora es pan y fútbol. Mi buen amigo Juan Jordá me preguntó el otro día si, como decían los romanos antes de Cristo, una democracia, cuando se corrompe, necesita un dictador para volver a servir al pueblo. No encuentro la respuesta adecuada. Pienso en España y veo que nos estamos convirtiendo en una democracia populista, donde el poder intenta controlar con su mano los cuatro poderes de la democracia: el ejecutivo, el legislativo, el judicial y el mediático. Dictadura, como Franco, populismo como Podemos, populismo absolutista como Sánchez, todas me parecen iguales. Son formas de gobierno que, cuando se imponen, son aceptadas y apoyadas por el pueblo. Tal vez, lo que quiere el pueblo es alguien que le diga lo que tiene que hacer, y no pensar en política. Solo piensan en la política los que viven de ella. El pasado mes de septiembre, https://www.opensocietyfoundations.org/focus/open-society-barometer, publicó un estudio sobre la opinión de los jóvenes de los países del mundo. En España no se hicieron las encuestas. Lo que dicen la mayoría de los menores de 36 años, es que no creen en la democracia, porque no resuelve sus problemas ni sus deseos. Prefieren un gobierno dictatorial, mejor si es militar, y un estado republicano. Temen que la violencia política en los parlamentos, se convierta en violencia política en la calle. Es un claro ejemplo del comunismo y del auge de la extrema derecha que se registra en países como Francia, Inglaterra, Italia y Austria, que empiezan a pensar que se han equivocado. La mentira y la corrupción están corrompiendo nuestra democracia y hacen peligrar los logros sociales alcanzados. Estados Unidos, Rusia, Colombia, Argentina y China son países que están pagando los delirios de sus gobernantes. El mantra que dice que España se rompe, es una mentira, pero el que advierte que se puede romper la paz social, sí que es más previsible. Volviendo al Irreal Mallorca, lo más importante es que ha unido a la sociedad, a unos y a los otros en una misma ilusión. Incluso consigue que una atea y un dirigente espiritual recen a su Dios para que el equipo gane. Tal vez hubiera sido mejor pedir perdón por sus chanchullos económicos y políticos. Deseo que el lunes todo vuelva a la normalidad y que la gente se preocupe más por los problemas del día a día, que por los éxitos y fracasos de un deporte que está corrompido por sus dirigentes.
