La cámara balear aprobó ayer una proposición no de ley, a iniciativa de Unidas Podemos con la anuencia del resto de partidos del Govern, para instar a que en los comedores públicos -principalmente, en los escolares- se consuman únicamente huevos de gallinas criadas 'en libertad'.
Naturalmente, tenemos un Parlament para algo, y sin duda acredita su utilidad día a día centrándose en los problemas que de verdad preocupan a la gente. A lo peor perdimos el negocio, o nuestro puesto de trabajo; hemos de permanecer encerrados todas las noches en casa, o tenemos a algún familiar hospitalizado con COVID, mientras Sánchez y Ursula Von der Leyen hacen un poquito más el ridículo, pero qué mas da, si los baleares podemos comer huevos libertinos en el comedor del hospital o en la escuela. No saben la tranquilidad que da algo así.
Lo chusco del caso no es ya que la izquierda balear toque los huevos -y, mayormente, se los rasque todo el día-, algo a lo que nos tiene permanentemente acostumbrados, sino que la oposición esté tan absolutamente desnortada que, en lugar de enviar a freírlos a los promotores de la iniciativa, se abstenga en bloque, salvo, para ser justos, Vox.
Y el quid de la cuestión no es si uno está a favor o en contra de los huevos de gallinas no enjauladas, que probablemente sean mejores para nuestra salud y, sobre todo, para la de las propias gallinas, sino si es oportuno que, con la que está cayendo, la prioridad de nuestros diputados sea tan estratégica materia.
La izquierda marca la agenda de los temas y la oposición cae de bruces en la trampa. Cuando se tratan asuntos de la 'nueva política', es decir, de aquello que habitualmente denominamos como 'políticamente correcto', a los partidos de centro y de derecha les entra el canguelo y el pánico a quedar ante sus electores como seres sin alma capaces de consumir huevos de gallinas condenadas a prisión permanente no revisable. Y fruto de esa desorientación es que no sepan reaccionar y sacarle los colores al Govern y acaben absteniéndose.
Mientras Francina Armengol sacaba a pasear su indigencia política, tras su reunión con el ministro Iceta, culpando a los madrileños de que el gobierno británico no abra aun sus fronteras para que sus ciudadanos veraneen en España, en Palau Reial se decidía el futuro de las islas a base de huevos. Olé los vuestros, fenómenos.