El Pacte y la libertad religiosa

La presentación esta semana de una proposición no de ley en el Parlament para instar al Gobierno a la supresión de la asignatura de religión en la escuela pública evidencia el concepto que de la libertad religiosa tienen hoy los partidos del Pacte que gobierna en Balears.

Confundir la aconfesionalidad del Estado -que implica solo que ninguna religión es oficial, pero reconociendo el hecho religioso en sí- con la laicidad es el primer error de los promotores de la iniciativa, los diputados de Unidas Podemos, secundados incomprensiblemente por el PSIB y Més per Mallorca.

Que los comunistas estén en contra de cualquier fuente de pensamiento crítico, y que pretendan imponer -por la fuerza, si es preciso- sus dogmas, no sorprende a nadie, pues eso es lo que hacen todos los regímenes de esa ideología allá donde lamentablemente aun existen.

Pero que la socialdemocracia europea -suponiendo que el PSIB ocupe todavía ese espacio, lo cual es cada día más dudoso- arremeta contra la libertad religiosa y contra su manifestación en la esfera de la enseñanza -derecho que dimana de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de diversos tratados de la ONU y organismos europeos y hasta de nuestra propia Constitución- resulta decepcionante y supone un tremendo retroceso democrático que nos hace viajar más de cincuenta años atrás, cuando en España, en pleno franquismo, las prácticas religiosas que no fueran la entonces oficial solo podían llevarse a cabo en la intimidad estricta y bajo sospecha.

¿Es esta la libertad religiosa del PSOE? Que Sanchismo y Franquismo se parecen cada día más, no hay duda. Ya decía Churchill que no hay nada que tanto se odie como aquello a lo que uno se parece.

En el caso de Més per Mallorca, todavía resulta incluso más chocante, dados los orígenes de esa formación. El PSM, partido extinto pero con notable arraigo en la isla, nació prácticamente en seminarios y conventos católicos y, durante años, muchos de sus dirigentes fueron personas cuya formación humanística era fundamentalmente la que habían recibido en esos entornos confesionales, por donde llegaron a esa dimensión social que ellos identificaban con valores de izquierdas.

Hoy, Més es solo una tenue sombra desdibujada de aquel PSM, dirigida por personajes con escasa altura política y demasiadas carencias intelectuales, lo que les lleva a bailarle el agua al radicalismo más zafio e iletrado.

Europa y los llamados derechos humanos no se entienden sin el legado moral del humanismo cristiano, y eso no es algo del pasado, sino que podemos comprobarlo día a día con el compromiso de la Iglesia -que no es posible reducirla solo a la jerarquía, sino que abarca toda la comunidad de los creyentes- con los más desfavorecidos. No es la administración la que da de comer a las personas en dificultades en la vergonzante cola de los Caputxins de Palma, por ejemplo, ni en muchos de los comedores sociales y refugios para indigentes y personas en exclusión social de nuestra isla. Es la Iglesia católica, y también algunas organizaciones cristianas protestantes.

Intentar prohibir que los creyentes -de cualquier confesión- no puedan explicar en los colegios los fundamentos morales y los valores de su respectiva fe a las familias que así lo deseen, sobre la base de un laicismo inexistente en nuestro marco jurídico, es solo una manifestación más del totalitarismo más ignorante que progresivamente va adueñándose de la izquierda española.

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