Para los españoles que ahora rondamos el medio siglo de edad, la primera aproximación sentimental hacia nuestra querida y algo lejana capital solía ser casi siempre esencialmente literaria o cinematográfica. Una parte de la imagen que todavía hoy guardo de Madrid debe mucho a algunas deslumbrantes lecturas de mi primera juventud, entre ellas las de Mariano José de Larra, Gustavo Adolfo Bécquer, Benito Pérez Galdós, Pío Baroja, Azorín o José Ortega y Gasset. De ese modo, en el Madrid que a lo largo del tiempo se ha ido forjando en mi imaginación conviven, de manera más o menos armoniosa, una ciudad bohemia, romántica y un poco conspirativa también, con otra ciudad que en los años veinte del pasado siglo llegó a ser un ejemplo de modernidad y con una tercera ciudad que tras la Guerra Civil estuvo marcada durante décadas por dificultades de todo tipo. En ese Madrid vino al mundo en 1944 el director y escritor José Luis Garci, uno de mis cineastas predilectos.
Al inicio de su carrera Garci fue, junto con el gran Pedro Almodóvar, uno de los principales cronistas cinematográficos del Madrid y de la España que iban a nacer entre finales de los años setenta y principios de los ochenta. El Madrid de las primeras películas de Garci, el de «Asignatura pendiente» o el de «Solos en la madrugada», era el de la Transición. En él se evidenciaban ya los primeros síntomas de un cierto desencanto, más vital o existencial que político, que aparecería también luego en «Las verdes praderas». Esa visión algo sombría se acentuaría aún más con «El crack» y «El crack dos», en donde el detective Germán Areta —genial Alfredo Landa— se nos mostraba como un ser escéptico, desengañado y solitario, en una ciudad que a menudo parecía casi tan triste y desolada como él.
Cuando uno revisa ahora dichas películas y otras posteriores de Garci, se da cuenta de que, por unas razones u otras, la mayor parte de personajes creados por el autor de «Volver a empezar» no han sido casi nunca excesivamente alegres ni felices, ni siquiera en sus entrañables comedias o en sus hermosas historias corales. Otro rasgo distintivo de su cine sería también que pocos directores han fotografiado Madrid con la fascinación y el cariño con que lo ha hecho Garci, sobre todo cuando nos muestra sus amaneceres y sus crepúsculos, sus calles y sus avenidas llenas de gente o desiertas, sus edificios y sus parques, sus aledaños y sus ambientes nocturnos, sus mañanas radiantes y sus días de lluvia, con un trasfondo casi siempre nostálgico o melancólico. Un tercer y último componente esencial en los filmes del director madrileño ha sido la presencia constante de elementos como los coches, los libros, los programas de radio, las canciones antiguas, las salas de cine o las festividades navideñas, como si fueran casi unos personajes principales más.
Con el paso de los años, la mirada de Garci sobre su ciudad ha ido alejándose cada vez más del momento presente para irse dirigiendo de manera progresiva hacia el pasado. Dos películas muy representativas de dicho cambio serían la extraordinaria «Tiovivo c. 1950» y la incomprendida «Holmes & Watson. Madrid days», curiosamente, la única de toda su filmografía que lleva el nombre de la capital en el mismo título. Por otra parte, también es verdad que las películas de Garci no se han centrado sólo en Madrid, pues los hermosos pueblos y paisajes asturianos han ocupado también un espacio importante en algunos de sus más conocidos filmes. En realidad, el conjunto de su obra cinematográfica se podría sintetizar, quizás, con el título de uno de los ensayos más hermosos del maestro Ortega y Gasset: «De Madrid a Asturias, o los dos paisajes».
Los incondicionales de Garci estamos ahora de enhorabuena, pues, tras varios años sin dirigir, acaba de rodar recientemente «El crack cero». En esta precuela de sus dos grandes clásicos de cine negro, el detective Germán Areta ha sido interpretado por el actor Carlos Santos. Han pasado ya casi cuatro décadas desde el estreno de «El crack» y «El crack dos», periodo de tiempo en el que no sólo hemos tenido que lamentar la pérdida de Alfredo Landa, sino también la del músico Jesús Gluck, el director de fotografía Manuel Rojas y el guionista Horacio Valcárcel, que formaron igualmente parte de ambos proyectos originarios. Aun así, estoy seguro de que su espíritu estará de alguna manera presente en esta nueva película, en la que Garci volverá a mostrarnos su amor por el rebelde y honesto Areta, y su pasión por la rebelde y honesta ciudad de Madrid.