Devorada por el ego y la ambición, así se encuentra la portavoz de VOX en Baleares a escasos momentos de ser expulsada de la formación. Idoia Ribas ha protagonizado un espectáculo dantesco expulsando del grupo parlamentario nada menos que al presidente del Parlament y a la presidenta del partido. Esta maniobra infantil y caprichosa la lleva a ella y a sus cómplices a terminar su carrera política y a ser señalados con la marca de la traición para la posteridad.
El erial que dejan es kafkiano: la presidenta del partido como diputada no adscrita y los diputados del grupo parlamentario VOX, expulsados de VOX. El PP podrá siempre agradecerle a Ribas que haya claudicado tan pronto y les haya regalado sin contraprestación alguna el voto más conservador que alguna vez se pudo sentir atraído por los delirios de la ultraderecha. Su inoperancia al frente del grupo parlamentario es indiscutible: en apenas seis meses de legislatura, tres diputados de ocho han saltado del grupo parlamentario por las malas artes y la inexperiencia de Idoia Ribas. Es lo que tienen algunos neófitos que tocan cargo por primera vez: se les dispara la autoestima y no se dan cuenta que sin partido son meras almas perdidas que no tardarán en ser devoradas y anestesiadas por el sistema.
Rebeldes y oficialistas intentarán ahora que Prohens valide sus estrategias por medio de su complacencia, pero ambos deben saber que la presidenta guarda un disparo que puede acabar de manera anticipada con ellos e incluso con una oposición en horas bajas: el adelanto electoral. A partir de abril Prohens puede calibrar si le conviene seguir con un gobierno en minoría o se arriesga a someterse al escrutinio de los ciudadanos otra vez para alcanzar los 30 diputados que le darían un gobierno sólido. Ello pillaría a pie cambiado al PSIB, sin un liderato claro que pueda hacerle frente a la de Campos y a VOX, que habría saltado ya por los aires.
Es sabido que el carácter de Prohens es prudente, pero esta posibilidad debe hacer reflexionar a Patricia de las Heras y a Idoia Ribas sobre su poder real a la hora de negociar con el ejecutivo, que tiene ya unos presupuestos que funcionan y que puede borrarles de un plumazo del Parlment en cuanto decida firmar la convocatoria elecciones. Idoia Ribas no es la única responsable de este desaguisado al ser sólo la pupila de un Jorge Campos que aguanta la respiración para seguir en Madrid, mientras desata su fanatismo y su inestabilidad en Baleares. Ribas pone la mejilla y Campos tensa la cuerda con la dirección nacional, tras no haberle dejado entrar en el gobierno autonómico del PP. Esta es su venganza personal. Su final está escrito y será idéntico al de PODEMOS: subida y desaparición en tiempo récord, para mayor provecho y placer de los dos partidos tradicionales.