Tuve la suerte de conocer a los primeros socialistas que empezaron a participar en la vida clandestina en Palma. Franco había muerto y muchos escritores, periodistas, abogados y algunos cantantes empezaban a hablar abiertamente de la filosofía marxista y del socialismo que llegaba de Francia. Eran tiempos de esperanza; había que cambiarlo todo. En aquellos años, dos jóvenes abogados, que vestían como nosotros, se dieron a conocer recuperando el PSOE, un partido político socialista, obrero y español. Enseguida se comió a otro partido socialista, este el PSP de Tierno Galván. Eran los comienzos de la Junta Democrática de España, en la que trabajaron juntos los socialistas, los comunistas y los carlistas. A su vez nacieron otros partidos engendrados en la Falange, como fueron la UCD, de Adolfo Suárez, y los partidos liberales, que fueron absorbidos por la Alianza Popular de Manuel Fraga, y que terminó formando el actual Partido Popular. En aquellos años, los líderes socialistas, sobre todo Alfonso Guerra, fueron los formadores de toda una generación de españoles que entendieron la necesidad de cambiar el modelo social, económico y político. Se fueron decantando los valores marxistas y comunistas para establecer el mito francés de Igualdad, Legalidad y Fraternidad. La nueva izquierda española, europea, de los trabajadores y de los derechos sociales, sexuales y personales. Toda una promesa de verdadera libertad, después de un modelo agobiante de imposiciones religiosas, políticas, económicas y sociales que representó al franquismo. Jóvenes formados intelectualmente y trabajadores formados laboralmente que defendían principios y valores. Han pasado 49 años de la muerte de Franco y 41 de los inicios del PSOE en la democracia constitucional. Y estos días, en Sevilla, la segunda ciudad más política de España después de Madrid (lo de Barcelona es catalanismo independentista), hemos visto cómo sólo se aplaude, y a rabiar a los repartidores de cargos, prebendas, dinero público y enchufes. Es el Congreso de las mentiras. Lo dicen sus organizadores: todo lo que se dice contra Sánchez y el PSOE es mentira. Es mentira lo que insinúan jueces y fiscales, incluso los destacados en asociaciones democráticas de izquierdas. Es mentira lo que dicen, acusan y demuestran destacados dirigentes del PSOE que han cometido una serie de delitos que pueden terminar con penas de todo tipo. Delitos conocidos, encubiertos y ahora desmentidos por el líder: el Secretario General del Partido Socialista (lo de obrero lo tacho). Es mentira que estemos de acuerdo con la reclamación del pueblo saharaui, ahora fagocitado por el Rey de Marruecos. Rey al que aplaudimos, cuando en este mismo Congreso, se defiende la ponencia de la desaparición de la monarquía. Supongo que por la fuerza de las armas, ya que por la legalidad existente, no se puede. Como no se puede independizar a territorios del mapa político de España. Todo es mentira, lo de Begoña, lo de Koldo, lo de Ábalos, lo de Lobato, lo de Armengol, lo de las chicas de la Moncloa, lo de las ministras y cientos de casos que dan vergüenza. Y todo es mentira, porque lo dicen las derechas. Fíjese, querido lector, del nuevo lema del relato: los malos son las derechas. Lo han cambiado, ya que en Europa, los socialistas de España, han conseguido colocar a su meritoria posible delincuente gracias a los votos de lo que era la extrema derecha. Ya no son extremistas, son derechas. Estos días en Estrasburgo, la única española que ha hablado en el Parlamento Europeo en favor de la lucha contra la violencia de género ha sido Rosa Estarás, del PP. De hecho, ha pedido que la violación sea un delito perseguido en toda la Unión, para que ningún violador se pueda escapar de la justicia. ¿Será, esto también, mentira?
