Carlos Serra es profesor y presidente de PLIS Educación, por favor (Profesores Libres de Ingeniería Social), una plataforma que, como ellos dicen, reivindica “la escuela como lugar de aprendizaje y no como medio de instrumentalización ideológica”. Serra se ha prestado a una entrevista para los lectores de mallorcadiario.com en la que habla de la calidad de la educación en Baleares, de las nuevas pedagogías y de los casos de politización y adoctrinamiento en las aulas.
ABANDONO ESCOLAR
Se entiende por abandono educativo temprano aquellos casos de alumnos que aún pudiendo haber acabado la ESO no continúan sus estudios en bachillerato ni FP. El abandono educativo temprano en Baleares fue del 26,5 por ciento en 2017, mientras que la tasa en España fue del 18,3 por ciento y en la Unión Europea (UE) del 10,6 por ciento. Así, la comunidad balear se sitúa a la cabeza del abandono escolar, a 7,2 puntos por encima del conjunto de España. El dato no es nuevo y siempre se pone la misma explicación: que el turismo y el sector servicios reclaman mano de obra y los jóvenes abandonan los estudios. ¿Qué hay tras esa elevada tasa de abandono?
España es de los países de la OCDE que más sonrojan en resultados académicos, tanto en la enseñanza primaria como en la secundaria. Los datos de PISA no son orientadores sino reveladores de un fraude educativo que perpetró el nacionalsocialismo (el PSOE más los partidos nacionalistas y los sindicatos) con la reforma educativa de 1990 (LOGSE) y que las posteriores reformas que han entrado en vigor y se han aplicado (LOE en 2006 y LOMCE en 2013) no han hecho sino apuntalar. Culpar al turismo o a la facilidad para encontrar un trabajo es el pretexto que, junto al del mito de la insuficiente inversión en educación, esgrimen siempre los responsables de haber dejado a este país en el analfabetismo funcional de una parte de la población y el paro estructural más elevado de Europa. La incidencia del turismo en Baleares hace que muchas de las familias que escolarizan a sus hijos en las islas provengan de otras zonas de España en las que no se habla la modalidad estándar de catalán barcelonés que se impone en las escuelas baleares. Por este motivo, todos aquellos alumnos, españoles o no, que no estén familiarizados con el catalán de Barcelona, están condenados a repetir curso, al menos una vez, hasta que comienzan a poder defenderse en esa lengua, dado que la práctica totalidad del sistema público de educación en Baleares no permite utilizar la lengua española como lengua de enseñanza en las escuelas. La facilidad para acceder al sector servicios hace décadas que no puede esgrimirse como argumento puesto que los datos de paro juvenil en Baleares también son de los más elevados de Europa. El problema es un modelo educativo que no tiene como objetivo la enseñanza sino la escolarización y la titulación, uno de cuyos agravantes es la imposición lingüística de la lengua catalana en detrimento de la lengua materna de, al menos, la mitad de los habitantes de Baleares.
Uno de cada cuatro alumnos deja los estudios. Sin querer descargar toda la responsabilidad en los profesores (usted lo es), ¿No hay poca autocrítica?
Ningún sistema educativo que desprecie la pieza clave de su posible éxito puede dar buenos resultados. Esa clave es el nivel de preparación del profesorado. Sabemos que la carrera de magisterio es posiblemente la menos exigente de todo el espectro académico universitario. En 2015 se publicaron las respuestas que daban una mayoría de aspirantes en la oposición al cuerpo de maestros de educación primaria de la comunidad de Madrid a preguntas con las que esos mismos aspirantes deberían examinar a sus futuros alumnos de entre 6 y 11 años. El 80 por ciento de los aspirantes fueron incapaces de dar respuestas que se ajustaran al nivel de Primaria, lo cual pone entredicho a todo el cuerpo de maestros, no porque no sean buenos profesores o puedan serlo, sino porque los filtros aplicados para la concesión de plazas en la enseñanza son ridículos. Se da otro agravante: la carrera de magisterio ha convertido la pedagogía seria en pedagogismo reaccionario, de tal modo que un aspirante a maestro no aprende apenas contenidos sino metodologías (de marcado sesgo ideológico), lo que supone el absurdo de sustituir los conocimientos por los procedimientos.
“El profesor está acobardado ante la posibilidad de que las familias les cuestionen o incluso les agredan verbal o físicamente”
Los resultados de este peligroso enfoque de la enseñanza están perfectamente retratados en PISA. No importa tanto lo que hay que enseñar sino cómo hay que enseñarlo. En la práctica, los maestros ya no deben dominar las asignaturas (ahora materias) que imparten sino que deben aplicar lo único que aprenden en la carrera, que son las diversas metodologías, todas ellas alejadas del objetivo de la formación y la adquisición de conocimientos.
Se habla mucho de ratios por aula o de la calefacción de las escuelas, pero muy poco del profesorado.
Respecto a las ratios, le respondo desde mi experiencia. Yo estudié EGB, BUP y COU y nunca bajamos de 35 alumnos por clase. Los alumnos que repetían curso eran prácticamente anecdóticos. Pero había una diferencia importante: todos respetábamos al profesor o procurábamos que lo pareciera. Hoy en día, el profesor está acobardado ante la posibilidad de que las familias les cuestionen o incluso les agredan verbal o físicamente. Las leyes educativas de las últimas décadas han favorecido esa progresiva auto-castración del profesorado, a quien exigir demasiado a sus alumnos le puede suponer incómodas advertencias. No creo que las ratios sean decisivas. Obviamente, cuantos menos alumnos tenga en clase más podré dedicar a cada uno de ellos, pero un grupo disciplinado en un aula donde el profesor se hace respetar y los alumnos valoran el trabajo bien hecho le aseguro que es condición suficiente para que cada estudiante pueda sacar el mejor provecho, tanto de sí mismo como de su profesor.
CALIDAD DE LA ENSEÑANZA
“Otro mito repetido por los enemigos de la escuela ilustrada es el de que la memorización debe superarse de manera definitiva, puesto que es enemiga de la comprensión. Nada más falso. Memorización y comprensión colaboran estrechamente”
Los alumnos de Balears están por debajo de la media española en cuanto a capacidad para solucionar problemas en grupo, según el último informe PISA, publicado la OCDE a finales de 2017. La media de los 32 países analizados es de 500 puntos y la española se sitúa en 496 puntos. Baleares obtiene 488 puntos, en la undécima posición de las Comunidades Autónomas. ¿Es un mal dato?
Que un alumno no sepa trabajar en grupo es una consecuencia de otros factores que comienzan a detectarse en la educación Primaria. No comprender lo que se lee o tener dificultades severas para el cálculo son los primeros síntomas del incipiente fracaso escolar y del abandono académico. La preocupación de PISA por el trabajo en equipo es, en mi opinión, consecuencia uno de los dogmas de la “nueva educación”: el de que en un mundo cambiante hay que preparar a los alumnos para la transformación constante y la adaptación permanente. Este planteamiento es letal para la escuela, puesto que esconde un odio al saber y una desconfianza hacia la objetividad de la ciencia en sus diversas ramificaciones. En definitiva, es un planteamiento antiilustrado y antihumanístico que implica que los saberes no son importantes salvo en la medida en que resultan prácticos para la vida. Así, cualquier contenido académico que no prepare directamente para un sector laboral determinado sencillamente es inútil: el latín, el griego o la filosofía serían los primeros candidatos a abandonar las bondades de las políticas educativas actuales. Bajo este dañino lema, la colaboración será más importante que la profundización en las distintas áreas, primándose los valores por encima de los saberes objetivos. El error de este enfoque consiste en considerar que un mundo cambiante puede prescindir de saberes consolidados cuando, antes bien, son precisamente los saberes de esta naturaleza universal los que, con independencia de cuantos cambios y transformaciones acontezcan en nuestra realidad líquida (Bauman), seguirán resultando necesarios. Es cierto que Aristóteles, Ovidio o Cioran no nos aseguran trabajo en un establecimiento de Mercadona, pero desconocer a los clásicos y el esfuerzo parejo por comprenderlos te priva de recursos intelectuales para defenderte en la vida a la hora de enfrentarte a situaciones que requieren esfuerzo, autoexigencia y capacidad de análisis, reflexión y trabajo. Escolarizar para lo útil desde el punto de vista del mercado es acabar con el espíritu crítico, con el goce de la gratuidad y con el placer de la comprensión reservada a la exploración de las cada vez peor consideradas inquietudes intelectuales.
Hay cosas que me chirrían sobre algunos “nuevos” métodos educativos y quisiera conocer su opinión. Parece que la idea de “cultura general” ha quedado caduca porque recurrimos a “San Google”. ¿Realmente se puede desarrollar la inteligencia sin un trabajo de memorización? ¿Cómo procesar y asimilar conceptos sin una base de conocimiento?
Otro mito repetido cansinamente por los enemigos de la escuela ilustrada es el de que la memorización debe superarse de manera definitiva, puesto que es enemiga de la comprensión. Nada más falso. Memorización y comprensión colaboran estrechamente. Lejos de excluirse mutuamente, una memoria ejercitada y desarrollada facilita la comprensión y la potencia extraordinariamente. La nueva educación las enfrenta y opone, olvidando que las tablas de multiplicar o la localización geográfica de ríos y montañas no son posibles sin un previo esfuerzo de memorización que llevará a cotas de comprensión cada vez más vastas, o que un texto no puede comprenderse si previamente no hay instalados en nuestra mente conocimientos de gramática. Por ejemplo, los libros son una extensión de la memoria en la medida en que la complementan y la enriquecen, pero si la memoria no fuera la base de nuestros conocimientos la búsqueda de palabras en el diccionario sería tan constante y recurrente que ampliaríamos hasta la extenuación su uso y repetición, limitando severamente nuestro ritmo de aprendizaje. Es posible que los métodos tradicionales para ejercitar la memoria no hayan sido siempre estimulantes, pero eliminar la memorización por considerarla anticuada, inútil o franquista responde antes a prejuicios ideológicos antes que a criterios pedagógicos. Como dice el profesor Ricardo Moreno: “suprimir la memoria porque los métodos para cultivarla eran malos es tan disparatado como suprimir los hospitales cuando la sanidad funciona mal”.
Los que tenemos una cierta edad y vemos algunos libros de texto de los más pequeños nos llevamos las manos a la cabeza. Perdone, pero a mi la asignatura Coneixement del Medi me parece, no sé, esotérica. ¿De verdad tenemos que explicarle a un niño lo que es una farola?
La existencia de esta asignatura responde a otro de los dogmas de la “nueva educación”: el niño aprende mejor lo que está relacionado con su entorno inmediato. Esto atenta de nuevo contra una visión humanista y universal del ser humano. Según este principio, hablarles a los niños de los reyes Godos o de la batalla de Zama es un atentado contra sus intereses reales, que no son otros que centrarse exclusivamente en todo aquello que el estudiante pueda identificar rápidamente por familiaridad y cercanía. Los nacionalismos, con clara vocación aldeanista y xenófoba, han convertido asignaturas como Medi en el instrumento ideal para lastrar vocaciones de apertura y pluralidad y centrarse en el conocimiento del terruño, del charco que se forma en el patio de tu casa cuando llueve, de tu propia sombra cuando paseas y del pájaro que trina por la ventana de tu escuela. Por este motivo, Medi se da siempre en barcelonés, jamás en lengua española, y sirve para aclimatar al alumno en la asfixiante jaula de “lo propio”, fórmula narcisista para que la imaginación no eche a volar más allá de los horizontes que marca el ombligo.
“Los nacionalismos, con clara vocación aldeanista y xenófoba, han convertido asignaturas como Medi en el instrumento ideal para lastrar vocaciones de apertura y pluralidad y centrarse en el conocimiento del terruño”
ESTUDIOS Y NINIS
Una de las quejas de muchos padres es que en la escuela no se prepara a los niños para el mercado laboral... ¿Dónde ha quedado lo formar a personas?
Formar para el mercado laboral es dotar a un alumno de recursos suficientes como para que pueda utilizar lo aprendido para desarrollar su propio proyecto de vida, sin hipotecas anticipadas. Desde el momento en que la enseñanza en las escuelas de Baleares tiene que ver más con el asistencialismo social que con la adquisición de conocimientos y se prioriza la igualitarización en el saber antes que la excelencia académica, el mercado laboral será cada vez más inclemente en las condiciones salariales de unos aspirantes desarmados intelectualmente y con títulos tan devaluados como el sistema que los genera. La proletarización de un sector de la población ante una escuela pública que iguala por abajo es un hecho. Las familias deberían preocuparse porque los profesores fueran con sus hijos tan justos como exigentes. Una buena formación es garantía de éxito en un mercado laboral inestable. Los padres, en ocasiones, no están preocupados porque sus hijos aprendan sino porque estos aprueben y no se frustren.
El número de jóvenes de entre 16 y 29 años que ni estudian ni trabajan en Baleares asciende a 38.000 personas en el primer trimestre de 2018. Son datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). No estudian, ni trabajan, ni tienen intención alguna de hacer las dos cosas. Entiendo que este es un problema social, pero tiene una vertiente educativa. ¿Es la calidad de la educación un factor de esa actitud?
Para mi es obvio que así es. Cuando un sistema educativo es poco exigente, los malos estudiantes se vuelven más pretenciosos en sus derechos pero no en sus obligaciones, puesto que aspiran a aprobar sin esforzarse. Los buenos estudiantes o los estudiantes con dificultades de aprendizaje, en cambio, se convierten en las primeras víctimas de un sistema que potencia una invitación al hedonismo y a la consagración de la infantilización perpetua, antes que una preparación para la vida real en la que los méritos supondrán la exigencia más inmediata. La escuela única hasta los 16 años (mismo programa para todos, independientemente de los intereses y capacidades de los estudiantes) ha destruido el ambiente de estudio en las aulas y es uno de los factores del hundimiento de la enseñanza pública. Obligar a quien no quiere a permanecer en las aulas contra su voluntad hasta los 16 años no ha funcionado. Deben plantearse otras alternativas para los alumnos objetores al estudio. La inercia de años de escolarización forzosa sin alternativas y promocionando de curso sin apenas trabajar hace que el desencanto y el fracaso en la escuela revierta también en la capacidad del alumno para hacerse responsable de su vida. Cuando sucede esto, el alumno ya no es un estudiante sino un objetor al estudio o un turista escolar que pierde rápidamente el interés por todo, un indigente intelectual sin recursos para valerse por sí mismo.
“Desde el momento en que a los padres se les niega el derecho constitucional a que sus hijos reciban una educación en una de las lenguas oficiales ya hay adoctrinamiento”
ADOCTRINAMIENTO EN LAS ESCUELAS
Se lo pregunto a bocajarro: ¿existe adoctrinamiento político en Baleares?
Desde el momento en que a los padres se les niega el derecho constitucional a que sus hijos reciban una educación en una de las lenguas oficiales ya hay adoctrinamiento. Eliminar una lengua oficial en las escuelas es una agresión que viola la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades. Repartir lazos independentistas, colgar proclamas contra el rey en las paredes de un colegio, utilizar libros de texto con falsedades históricas de claro sesgo ideológico, invitar a un condenado por la audiencia nacional por delitos de enaltecimiento del terrorismo, humillación a las víctimas y amenazas de muerte para dar una charla a niños de ESO (11-12 años) en la biblioteca del instituto, introducir el retrato invertido de la ex consejera de educación (M. A. Camps) en centros supuestamente educativos, convertir los patios de los colegios en plataformas reivindicativas a favor del golpe de Estado en Cataluña... No son simples hechos aislados sino perfectamente coordinados desde las instituciones y tolerados por la inspección educativa, a pesar de las múltiples denuncias interpuestas por las familias que no claudican ante toda esta deriva totalitaria.
¿Es algo anecdótico? ¿Hasta que punto está o no generalizado?
La fundación Círculo Balear registró más de 2300 denuncias en los últimos cinco años, sólo en Baleares. Los lazos a favor de la prohibición/eliminación/discriminación/inmersión lingüiística fueron exhibidos por un porcentaje importante de centros educativos de Baleares. Los proyectos lingüísticos del 94 por ciento de las escuelas públicas de Baleares utilizan la lengua catalana como lengua exclusiva de enseñanza. La recopilación de casos de adoctrinamiento que han aparecido en los medios de comunicación en el último lustro es tan vasta, que hablar de casos puntuales es una frivolidad malsana.
“Los proyectos lingüísticos del 94 por ciento de las escuelas públicas de Baleares utilizan la lengua catalana como lengua exclusiva de enseñanza”
No sé si son la mayoría, pero desde luego sí son los que más se hacen notar. ¿El profesorado de izquierda nacionalista es mayoritario o está mejor posicionado en los equipos directivos de los centros?
No es mayoritario. La connivencia del resto de profesores no nacionalistas con las prácticas totalitarias de los fanáticos de la lengua única ha sido decisiva estas últimas décadas para generar en los centros un clima de claudicación ante las imposiciones lingüísticas y las exaltaciones xenófobas de los extremistas. Esta tendencia se está invirtiendo en la calle, donde comienza a tener respuesta. En las escuelas, la posibilidad de ver afectadas las condiciones laborales por significarse en contra de la enquistada tendencia nacionalsocialista hace que sea más difícil un cambio rápido por parte del profesorado disidente, acostumbrado a sobrevivir en el plácido anonimato.
En los casos denunciados de adoctrinamiento, ¿qué pasa para que un profesor anteponga sus principios políticos a su deber de enseñar?
La sensación de impunidad por la inacción de la inspección educativa durante décadas está tan extendida en el entorno escolar que los profesores travestidos en comisarios políticos se sienten arropados por las instituciones. Las denuncias no pasan del registro y quienes terminan enfrentándose a la administración, por impotencia, son siempre los propios denunciantes. La nueva concepción de la educación contenida en nuestra legislación vigente deja bien claro que la misión principal de un profesor no es la formación académica sino la integración social y la movilización militante.
Me da la impresión de que las asociaciones de padres de alumnos tampoco son muy beligerantes con el tema del adoctrinamiento...
La asociaciones de padres no representan en ningún caso más del 5 por ciento del total de padres de una escuela. Este dato lo tenemos gracias al porcentaje de cuotas de asociación que se pagan, de media, en las diferentes escuelas. Las personas que suelen ponerse al frente de estas asociaciones suelen tener una marcado sesgo político de naturaleza nacionalsocialista. Durante la huelga educativa de 2013-2014 en Baleares, la abyecta campaña llamada Aules Buides, estrategia para lograr que fueran los padres los que no llevaran a sus hijos a la escuela para que los profesores pudieran seguir haciendo huelga, pero cobrando, fue orquestada por los responsables de dichas asociaciones de padres para quienes lo que había en juego no era la formación de sus hijos sino las prebendas postelectorales que se repartirían tras un cambio de gobierno. No es raro localizar entre los cargos públicos de algunos ayuntamientos o de la propia Consejería de Educación a antiguos presidentes de aquellas asociaciones.
“La inmersión lingüística obligatoria y el oscurantismo en cuanto a los resultados académicos de los centros son dos de las obsesiones irrenunciables del señor March”
¿Ha hablado usted con el conseller de Educación Martí March?
A diferencia de la anterior Consejera de Educación Núria Riera, que nos dio plantón en dos ocasiones y no llegó a reunirse con nosotros pese a nuestra solicitud, el señor Martí March atendió a Plis Educación nada más tomar posesión de su cargo como Consejero de Educación de Baleares. De aquel encuentro destaco dos aseveraciones de March. La primera, que el Consejero de Educación no considera a la lengua española una lengua impropia de las islas Baleares, a pesar de que se desprende lo contrario de la denominación de lengua propia de las Baleares, en alusión a la lengua catalana, que aparece en el Estatuto y en la legislación educativa balear. Sin embargo, el señor March no rechaza la política de inmersión (prohibición/eliminación) lingüística que han ejecutado todos los gobiernos en Baleares desde el año 86. En segundo lugar, el Consejero está convencido de que los conocimientos discriminan, por lo que no pueden publicarse los resultados de los centros ya que, a su juicio, eso crearía un ranking de centros, posibilidad de la que abomina la izquierda, en general. La inmersión lingüística obligatoria y el oscurantismo en cuanto a los resultados académicos de los centros son dos de las obsesiones irrenunciables del señor March, pero también de todos sus predecesores en el cargo.
¿La reacción de March ante las denuncias por presuntos casos de adoctrinamiento ha sido tibia, ajustada a norma, contundente...?
Dada la deliberada inacción de la Consejería de Educación ante los innumerables casos de abuso de autoridad por parte de profesores que confunden la tiza con la hoz y el martillo o las aulas con altares electorales al servicio de proyectos identitarios, parece evidente que estamos ante una presunta prevaricación en todos y cada uno de los casos aparecidos en los medios de información. Conocida por todos es la opacidad con la que se instruyen determinados expedientes informativos relacionados con casos de supuesto adoctrinamiento, cuyas disquisiciones jamás llegan a conocerse.
EDUCACIÓN INCLUSIVA
He hablado con muchos profesores de las Islas. Me he encontrado dos casos, uno en Palma y otro en Ibiza, realmente dramáticos en los que los profesores denunciaban que en determinadas escuelas se, por decirlo de una manera, “arroja” a los alumnos problemáticos. Me refiero a preadolescentes de familias reestructuradas, otros con serios problemas psiquiátricos, y algunos que, por decirlo de una manera suave, con tan solo doce años son protodelincuentes. ¿Tienen en Plis constancia de esos colegios “vertedero”?
Plis Educación se compromete a denunciar estos casos siempre y cuando disponga de indicios claros que corroboren la existencia de estas prácticas. Por el momento no tenemos pruebas, aunque quizás estas personas que usted menciona dispongan de ellas, en cuyo caso estaremos encantados de examinarlas si nos las facilitan.
“La escuela inclusiva no estimula el estudio porque, sencillamente, ha destruido el ambiente de concentración y disciplina académicas en favor de un eslogan ideológico”
Los profesores relatan la situación con angustia y frustración. Sin paños calientes: ¿pueden todos los niños adaptarse a una escuela inclusiva? ¿Qué hacemos con los casos límite?
La escuela inclusiva dice promover la integración pero no es más que retórica progre. En realidad, la escuela inclusiva provoca todo lo contrario. Es sencillo de entender. El dogma de la escuela inclusiva parte de la consideración de que la escuela no puede reproducir las desigualdades que la sociedad adulta reproduce fuera del buenista cepo escolar. Antes bien, debe eliminar todas las desigualdades para formar buenos ciudadanos, pacifistas, solidarios, ecologistas, etc. Por lo que la convivencia (otro objetivo de la escuela inclusiva) debe incluir toda la diversidad posible, al margen de las consecuencias académicas que puedan derivarse de esta concepción de la educación. Lo ilustro con un ejemplo que relataba un profesor de secundaria: “imagínese que es usted entrenador profesional de un equipo ciclista integrado por el ganador del último tour de Francia, un grupo de jóvenes entre los cuales uno no sabe montar en bici, otro padece un trastorno que le ocasiona fobia a las bicicletas y los otros son aficionados no especialmente dotados (uno de ellos no sabe español), y también una persona a la que le falta una pierna y otra de 80 años, enferma del corazón”. ¿Usaría usted el mismo método de entrenamiento con idéntico programa para todas estas personas? Si su sentido común le indica que esa sería una mala opción de la que nadie obtendría un beneficio, entonces usted piensa lo mismo que yo. La escuela inclusiva, sin embargo, considera que el protocolo de actuación debe aplicarse a todos por igual, aunque ello implique 25 ritmos de aprendizaje en el aula. Esta es la locura que arrastramos desde hace 28 años en la escuela pública española. La única forma de afrontar esta pretenciosa y absurda calamidad es rebajando tanto los niveles de exigencia que los buenos estudiantes ya no aprenden tanto como podrían, los objetores al estudio no perciben exigencia en el aula y, como también se aburren en clase, la boicotean y, finalmente, los alumnos con dificultades de aprendizaje (en mi opinión, las víctimas más laceradas por este modelo inclusivo) no pueden recibir la atención que merecen porque el profesor se pasa media clase mandando callar a los gamberros. La escuela inclusiva no estimula el estudio porque, sencillamente, ha destruido el ambiente de concentración y disciplina académicas en favor de un eslogan ideológico de igualdad de resultados que ha sepultado a la gran mayoría bajo capas de ignorancia programada.