Efraín Pérez o el extenso periplo de un narrador de imágenes

MD Arte Efraín Pérez

Teníamos pendiente esta cita en casa de nuestro protagonista desde hacía varios meses. Él salió a recibirnos a la puerta con la amabilidad que entorna su aura de hombre educado y atento, le agrada conversar de sus múltiples investigaciones sobre el origen de la historia de su ciudad natal, sobre sus experiencias, sobre sus conocimientos y así, casi sin darnos cuenta nos envolvió en su filosofía durante varias horas de aquella tarde de principios de verano…

Pasad por aquí, bajaremos la escalera y nos sentaremos en la terraza. Llevamos muchos años viviendo en esta casa que no se parece en nada a lo que era cuando la adquirimos mi esposa Ángela y yo. Ella se ocupó de convertirla y rodearla con un hermoso jardín. Mi estudio quedó en la planta inferior.

Efraín Pérez Ballesteros nace en el municipio colombiano de Sogamoso en Boyacá un martes 28 de marzo de 1935, el mismo año en que la historiadora colombiana Mercedes Gabrois se convertía la primera mujer que ingresaba en la Academia Española de la Historia, en el aeropuerto Las Playas de Medellín chocaban dos aviones en la pista falleciendo 19 personas, entre ellas el cantante Carlos Gardel y su amigo el empresario Ernesto Samper, nacían; Elvis Presley, Mercedes Sosa, Narciso Ibañez Serrador, Luciano Pavaroti y Woody Allen, fallecían; Fernando Pessoa, Lawrence de Arabia, Francisco Antonio Cano pintor colombiano. Se editaban; Canción de Juan Ramón Jiménez, Doña Rosita la soltera de García Lorca, Historia universal de la infamia de José Luis Borges o Tortilla flat de John Steinbeck, y la obra maestra del escritor colombiano de Manzanares Bernardo Arias Trujillo, Risaralda. El cine estrenaba; Ana Karenina, El capitán Blood, 39 Escalones o Una noche en la ópera de los Hermanos Marx, y una serie de canciones que han superado el paso del tiempo; Begin the beguine, Piensa en mí, Cheek to cheek, o Noche de Ronda, se inauguraba en Barranquilla, el Teatro Rex obra del arquitecto cubano Manuel Carrerá, en el apartado del arte; Joven dormida de Picasso y Retrato de Mae West de Dalí.

El nombre de Efraín proviene del hebreo y significa “Guerrero de los 7 pecados”. No sé si cuando sus padres Honorio, relojero de profesión y su madre Ana Julia maestra de escuela, decidieron bautizarle con ese título, conocían la traducción. Nacidos en Boyacá, tuvieron un hijo; Efraín y dos hijas; Marina y Ruth.

¿Qué recuerdos mantiene de sus primeros años?

Éramos una familia de descendencia humilde y mis padres en aquel tiempo solo disponían de los recursos básicos. Mi abuelo nos dejó una casa en la montaña y la memoria me lleva al murmullo del viento al pasar por entre los cientos de eucaliptus que nos rodeaban en la selva cerca de Sogamoso, el aroma que desprendían me hipnotizaba. Tenía perros, gallinas. Siendo muy pequeñín mis padres marchaban a trabajar y me dejaban al cuidado de las vecinas en una especie de cerramiento vallado, con otros niños.

Tal vez si uno se remonta siglos atrás entiende porque volotean los espíritus de los indios Muiscas del altiplano Cundiboyacense sobre el valle de Iraca, donde en un tiempo se decían creadores del Sol y de los dioses de aquellas regiones, Ramiquiri e Iraca.

Seguimos hablando de su infancia…

Fui a un colegio infantil de monjas durante unos años, era divertido, travieso y malo a veces, los niños se reían de mi comportamiento y la hermana Mariana me adoraba. Íbamos a misa los domingos y la monja tenía un aparato en la mano que emitía un chasquido para avisar de si arrodillarnos o levantarnos. Un día cogí el de mi mamá y me pasé la misa confundiendo a todo del mundo, contradiciendo a la monja hasta que me pillaron y me castigaron - ¡Ya sabes lo que te espera en el profundis encerrado! – dijo la monja. Yo tenía claustrofobia, no quería estar en esa habitación oscura lleno de baúles y muebles viejos y justo cuando abrió la puerta para que entrase la llamaron desde fuera, cuando regresó me puse detrás de la puerta y la encerré. Corrí para mi casa y al rato llamaron a la puerta. Era ella, venía a hablar con mis padres. Yo estaba confuso, no sabía dónde ponerme. Me miró a los ojos, y me perdonó.

Cuenta que no destacó en los estudios…

Era regularcito, nada brillante, de hecho siempre quedaba algo para septiembre. Era una época difícil en Colombia, continuamente pendientes de las guerrillas.

Me mandaron a Bogotá para que estudiase en un colegio americano y continué igual, repetí un curso de bachillerato. Luego al Colegio de Nuestra Señora del Rosario. Cogí la costumbre de ir con los amigos de pueblo en pueblo buscando aventuras y en una de esas, me monté con un amigo que conducía el coche de su padre. En la ruta se encontró con un bus que al querer adelantarlo, golpeamos con una roca con tanta fuerza que nos escupió y dimos vueltas de campana durante unos cincuenta metros, terraplén abajo. Nos salvamos de milagro.

Yo no era creyente, pero ese accidente me hizo meditar, cambió mi manera de ver las cosas y de repente me convertí en un excelente estudiante y especialmente destaqué en filosofía y letras. Tanto influyó este hecho que en cierta ocasión acudí a una fiesta de la Virgen del Rosario “La Bordalita” y me puse a rezar. Aunque debo agradecer las enseñanzas a Monseñor Jorge Vicente Castro Silva, un hombre sabio del que rememoro una frase; nunca, nunca tienes que decir: pude haber sido.

De la relación con sus padres…

Cuando tenía cuatro años mi papá ya decía que algún día yo podría hacer los diseños para la joyería, porque él estaba convencido de que llegaría a tener la mejor joyería de la ciudad y así fue después de unos años, ese deseo se cumplió.

Un día, tendría unos doce años, papá llegó a casa y vio un dibujo del Coloso de Rodas hecho a lápiz y le preguntó a mamá - ¿y eso? - es de tu hijo contestó ella. Mi padre fue a enmarcarlo y lo colgó en la pared. Cuando llegué del colegio y lo vi me emocioné, en ese instante mi padre me dijo; “maestro”. Desde aquel día sentí la inmensa necesidad de pintar.

De niño jugó al fútbol en el patio del colegio y aún guarda alguna fotografía, pero nunca se interesó por visitar un estadio.

El último curso en el colegio americano, papá veía que yo iba a perder el año y vino a Bogotá a verme y a almorzamos juntos. Me ofreció la posibilidad de dejar los estudios y montar una gran joyería con mi hermana, pero no acepté y me comprometí a aprobar.

Una terrible gripe, la única que he tenido en toda mi vida hizo que no pudiera cumplir mi promesa y no se me ocurrió otra cosa que marchar sin dejar rastro, ni dar ninguna explicación.

Me encontré con un amigo que me acompañó y atravesamos el Patía y allí vi a las primeras personas de raza negra y la diversidad del color de su piel influyó en mi pintura. La mayoría de ellos eran muy oscuros, no he visto en ningún lugar del mundo esa tonalidad. Tocaban un instrumento llamado tiple. Al cabo de un tiempo una amiga me hizo llegar el sufrimiento de mis padres que me estaban buscando y regresé a casa.

Papá me recibió con los brazos abiertos y lloramos de emoción.

He sido un privilegiado, no he podido tener mejores padres.

Cumplí con lo que quedaba en el cole y me gradué como oficial del ejército, aunque nunca usaría ese cargo.

¿En algún momento supo qué hacer con su vida?

Quería ser pintor pero estaba mal visto, existía cierto desprecio a los artistas a los que se les tildaba de vagos. Me gustaba la química y monté un laboratorio con un primo. Una mezcla equivocada me haría desistir del intento. Tras un tiempo de dudas, escogí la carrera de medicina y me inscribí en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Bogotá. Por la tarde nos abrían el teatro para practicar disecciones. Estuve tres años y nunca dejé de pensar en la pintura y también en la poesía que me inculcó y me hizo amar, mi madre que era increíblemente romántica.

En ese tiempo mi vida daría otros cambios. Convencí a mi padre para ir a Suiza ya que teníamos amigos allá y hubo que superar el escollo del idioma francés. Estudié psicología con el profesor Jean Piaget.

Jean Piaget es considerado como el padre de la epistemología genética, una corriente de pensamiento que surge a mediados del siglo XX de la mano de filósofos, psiquiatras, físicos, antropólogos, sociólogos, biólogos, matemáticos, etc. Defensor también de la teoría; psicología genética.

Cerca de la Facultad de Medicina estaba la de Bellas Artes y la visité en varias ocasiones, hasta que un día mis amigos me hicieron reflexionar… ¿Por qué medicina o psicología? ¿Por qué no estudias pintura que es lo que realmente te satisface? ¡Vete a París! - Sería 1960.

Quería hacerlo, pero no volvería a decepcionar a mis padres ni a cargarles con esos gastos, así que me puse a trabajar en una fábrica de vinos colocando los tapones de corcho, en una editorial haciendo montones de periódicos, los domingos siendo profesor de idiomas para gente que laboraba en el servicio. Pude guardar dinero y viajar. Fui a Alemania y a Francia, con un conocido intercambiamos los apartamentos, yo prestaba el de Suiza y él, me dejaba el de París. Visité el barrio de Montmartre, el Louvre, museos y más museos, me enamoré de la pintura impresionista.

¿Y además de los impresionistas, le agradan otro tipo de pintores?

Además de Renoir, Pissarro, Monet, Manet, Gauguin, Degás, Cezanne, añadiría a muchos más, Munch, Leonardo, Rafaelo, Goya, Velázquez, Van Gogh, la Escuela Pollencina.

A principios de los 60 viaja a España, pasa por Barcelona interesándose por las obras de Gaudí, viaja a Madrid para visitar el Museo del Prado, se interesa por las obras de Madrazo… En Madrid alquila una habitación en un piso para estudiantes y es donde conoce a Ángela, su mujer…

Ella me hablaba continuamente de lo bella que era su tierra, su padre era natural de Valladolid, su madre de la isla. Visité durante unos días Mallorca y me encantó. Regresé a Madrid y estuve un tiempo estudiando, (sería 1961) con el profesor Azcárate en la Facultad de Bellas Artes. Viaje a Suiza y a Colombia y en 1964, Ángela y yo nos casábamos en Mallorca. Residimos un año en Madrid y regresamos, por aquel entonces la luz de Mallorca ya me había cautivado y en 1966 llegó nuestra primera hija.

Habitaron en un piso de Palma durante doce años, posteriormente encuentran un terreno en la Costa de la Calma y lo convirtieron en la casa de sus sueños y hasta nuestros días.

¿Cómo fueron los primeros años?

Vivir de la pintura era imposible, había que mantener una familia, así que me puse a trabajar. Un día mi suegro me llamó la atención sobre mi dominio de idiomas y acepté empleos en agencias de viajes, una de ellas Viajes Conde en la calle Jaime III, allí hacía de todo, billetes a mano, algún tema comercial. Me ofrecieron el cargo de director comercial de Viajes 2000 y ser director del departamento de pasajes en la Consignataria de barcos Schembri y así conocí el funcionamiento de las compañías navieras de Japón, Rusia, América, nosotros teníamos el Queen Mary.

Le invitaron a dar la vuelta al mundo en barco, pero no aceptó porque Ángela estaba embarazada y consideraron que no era el momento oportuno. En 1967 nació Ana Julia y en 1969 llegó Silvia. Hubo un tiempo en que realizó otras labores, ir a los cabarets de Suiza y de Francia, por ejemplo en París en la Sala de espectáculos Bataclán a vender licores. Gracias a unos amigos músicos que actuaban en una de las salas de fiestas, conocería a Brigitte Bardot.

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Usted plasmó en una de sus obras una de las mayores catástrofes ocurridas en su país, hace referencia a cuando en 1985 el Nevado del Ruíz sepultó por completo a la población de Armero, llevándose por delante a más de 20.000 habitantes y todo el mundo vivió durante tres días las imágenes en directo de la agonía hasta la muerte de OmaIra Sánchez, aquella niña que quedó atrapada en el barro y nadie pudo hacer nada para rescatarla.

Hubo conmoción y mucha tristeza. Tengo la imagen retenida de manera perpetua en la memoria. No puedo olvidar el rostro de Omaira, ni las palabras sosegadas de aliento que ella transmitió durante aquellos angustiosos días. Así que a veces pinto en blanco y negro, tal vez para rubricar el dramatismo, el realismo, la literatura de las imágenes. El manejo de la luz es diferente, en este caso me guió por el efecto de las gamas quebradas. Pintar en blanco y negro es la confirmación de que el único ser que tiene poder de creatividad es el hombre, aunque un inventor inglés intenta demostrar que un robot humanoide (Aina) también es capaz.

Ha escrito doce libros de los cuáles ha publicado nueve, los otros verán la luz en breve. Uno de sus títulos está a disposición del público en el Archivo de Indias en Sevilla, junto a otras piezas de un incalculable valor históricos, teniendo en cuenta que se guardan textos de Cristóbal Colón, de Magallanes o de Vasco Núñez de Balboa, entre otros.

¿Por qué no da título a sus elaboraciones pictóricas?

No quiero condicionar al espectador. El artista muestra su obra, que sea el observador quien interprete, quien le ponga un titular.

Voy a mirar con detenimiento sus pinturas con la intención de dejar constancia de una humilde impresión de quien pasea desinhibido entre la creación de una naturaleza visionada por un ser que ha gastado una inmensidad de calzados, pisando por caminos de tierras sagradas y ha descrito con rudeza y precisión, escenas costumbristas que conllevan historias de pueblos y de familias, escenas cotidianas, mercados, vestimentas, parajes, calles que se inmortalizan tras el paso de la lengua peluda de un pincel por una tela. Me adentro como a quien un espíritu le abre la puerta de su casa para invitarle al jardín del universo de las siete vidas y ahí está Efraín, tomando notas de las siluetas de las almas.

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¿Cuál fue su relación con el dibujante, escritor y periodista Joan Pla?

Fuimos grandes amigos, compartimos horas de charla y confesiones, asistimos cada uno a las exposiciones del otro y nos ayudábamos. A Joan le gustaba hablar de su padre que también fue pintor y de su Felanitx natal, donde descubrió esa misteriosa luz que se posa en los albores de algunos parajes de la isla. Su muerte me afectó duramente.

Define sus lienzos como un largo recorrido por la historia del que todavía le quedan algunos tramos por avanzar. Al colocarse delante de una tela en blanco, siente las mismas sensaciones que cuando era joven, la misma convicción ilusionante…

Pintar es mi vida, es la vida entera, llena de colores, de paisajes, de reflejos, de rastros, pasando por el impresionismo, el expresionismo, el realismo. Mi experiencia en distintos ámbitos me ha llevado a ser un gran observador y capto sonidos en el interior de las imágenes, cuestiono la realidad practicando el divisionismo en la pintura, a la que disecciono aplicando la geometría, la matemática, la lírica o la literatura.

Lo que sé con 80 años, no lo sabía a los 60. Acumular conocimiento es una de las grandes satisfacciones de nuestra existencia.

Efraín es un conversador reflexivo y pausado. Usa la sabiduría literaria en sus conversaciones, narrando con detalle químico y biológico, se expresa teatralizando sin interpretar excesos, con ese don que otorga la humildad y la sinceridad intrínseca. En 2001 sería nombrado Miembro Honorífico de la Asociación de Artistas Plásticos y Visuales de Boyacá en Colombia y representante de los mismos en el continente europeo.

Sus obras se comparten en colecciones privadas diversas y se han expuesto, en Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Portugal, Italia, Rusia, Cuba y prácticamente a lo largo de todo el territorio de Colombia y de España se han mostrado sus creaciones plásticas.

¿Cómo es su vida de en la actualidad?

Muy tranquila, disfrutando de poder seguir pintando y escribiendo, de tener a mi familia, de pensar que de un momento a otro viajaré a Colombia donde dispongo de un refugio en la montaña y pasaré unos meses y luego volveré Mallorca. La pandemia nos ha cambiado y para viajar hay que estar muy seguro, ya que el COVID sigue flotando a nuestro alrededor. Pero soy un hombre sereno y feliz junto a los míos.

Habíamos llegado al final de la etapa y cuando dábamos por concluida la jornada, Ángela nos sorprendió invitándonos a tomar un gazpacho que podríamos acompañar con uva y taquitos de jamón, una variación de frutos secos y un brindis con una copa de cava.

Francisca y yo, dejábamos a Efraín y a su esposa con la impresión de haber pasado unas horas con unos amigos de toda la vida.

Texto: Xisco Barceló

Fotografías: Francisca R Sampol

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