No se puede pedir más. Dos tiros a puerta y un saque de esquina a favor en noventa y seis minutos de juego arrojaron la suma matemática de dos goles y tres puntos. Fernando Vázquez no debió perder mucho tiempo en planificar el partido ante un Córdoba que no engañó a nadie, sobre todo a quienes hubieran leído nuestro “Cristal” de estos dos últimos días. El técnico gallego dispuso una defensa digna de Sagunto más que de Numancia con diez hombres en su propia mitad de campo y a esperar algún error local que no llegaría hasta la segunda parte. Un dibujo, si así se le puede llamar, favorecido por las limitaciones técnicas de los de Oltra, que quizás no pase de esta semana en el banquillo verdiblanco, que lanzaron hasta diez córners inútiles y tropecientos centros laterales más defectuosos aún.
Raillo frustró la única oportunidad sobre la meta de Santamaría que, en una mala salida, dejó la portería vacía a merced de Rodri, cuyo remate a puerta vacía rechazó Raillo sobre la misma línea. Pese a a victoria, indiscutible y meridiana, no se puede decir que el Mallorca jugara un buen partido, si acaso merece que se reconozca la intensidad con la que lo afrontó, el sentido común y la experiencia de ciertos jugadores y la resolución de Brandon, al que tanto se vio en busca de una contra rápida, como defendiendo en su propia área y atento al gol, el segundo, que volvió a marcar. El partido en si mismo no pasará a la historia, pero la victoria sitúa a los rojillos más cerca de su eventual objetivo y no hay nada que objetar al triunfo del más pillo, una cualidad nada desdeñable en el fútbol actual.