El hecho de que el paro cayese en Balears en 17.000 personas durante el tercer trimestre de este año ha de llenar de alegría al conjunto de la sociedad con independencia de ideologías o intereses de grupo o de partido. Miles y miles de conciudadanos han vuelto a la esperanza. De hecho,el Archipiélago ya ha encadenado cinco trimestres seguidos de descenso del paro. Todo un triunfo que sitúa a Balears con una cota de paro ocho puntos por debajo de la media española, con poco más del 15 %, sólo comparable a las tasas del País Vasco y Navarra, comunidades que cuentan con unos conciertos y unas ventajas fiscales clamorosamente más ventajosas que la pésima e incluso humillante financiación balear.
Pese a ello, hay muchos motivos para sentirse satisfechos. Debe haber pocas comunidades en los países desarrollados capaces de crecer y de ser punteras en sus propios Estados pese a estar claramente discriminadas en la financiación per cápita. Eso demuestra que la capacidad de crear confianza por parte del Govern y la autoestima de la sociedad isleña son capaces de sobreponerse a todo tipo de dificultades.
Diecisiete mil contratos equivalen a la eliminación de un igual número de dramas personales y familiares. Por encima de las frías cifras hay que situar la profunda carga de ilusión humana que hay detrás de esta espectacular creación de puestos de trabajo. Y lo más importante es que se palpa en el ambiente el aumento de las inversiones. Crece el interés por Balears como destino turístico en temporada baja, la oferta hotelera se está movilizando para potenciar los destinos de ciudad, especialmente en el Casco Antiguo de Palma y todo el ámbito de los negocios complementarios al turismo también están en fase de nuevos objetivos. El crecimiento aún es limitado. La construcción ofrece signos de recuperación, sobre todo en el ámbito de las rehabilitaciones, pero queda mucho tiempo antes de poder hablar de ciclo alto de la economía.
Por eso hay que valorar en lo que se merece la tarea desarrollada por el Govern. No es fácil hacer caer el paro en tiempos de vacas flacas, pero se está consiguiendo a un ritmo mucho más alto que en el conjunto de España. Y además de una manera sostenida, sólida, sin que sea fruto de movidas especulativas, como en otros tiempos de euforia enloquecida que nos llevaron al desastre. Ahora se avanza sobre seguro. De ahí que la esperanza sea también más consistente, firme y cargada de mañana.