Diario de un confinado: la farmacia

Desde antes que empezase el actual estado de alarma, en mi farmacia había un gran cartel en la puerta que enumeraba todos los productos que no tenían en ese momento, esencialmente mascarillas, guantes y botellitas de alcohol. Como siempre hay que intentar ser optimistas, pensé que si en mi supermercado había acabado llegando el papel higiénico mucho antes de lo esperado, con más motivo llegarían muy pronto a mi farmacia todos aquellos productos esenciales. Como habrán adivinado ya, no fue así. Me di cuenta entonces de que un exceso de optimismo puede llegar a ser en ocasiones ligeramente contraproducente.

Aun así, como también dicen que la esperanza es lo último que se pierde, cada cuatro o cinco días, de camino hacia el supermercado, me fijaba siempre en si ese cartel seguía aún en la entrada de mi botica o en si, al menos, habrían podido quitar del listado alguno de los productos que tantas personas necesitábamos. Tras varias semanas en que no hubo ningún cambio, el pasado jueves vi que, por fin, habían podido quitar ya el cartel. Embargado por la emoción, entré entonces en mi farmacia e hice una gran compra. No diré que fue igual a la que había hecho justo antes en el súper, pero casi. Por unos instantes, mi desgastada tarjeta pareció estar a punto de empezar a humear.

Como la dicha completa seguramente no existe, la farmacéutica que muy amablemente me atendió me dijo que sólo podía adquirir ese día dos mascarillas, salvo que yo viviera en casa con más personas. A punto estuve de decirle entonces que éramos familia numerosa y que además vivía con los suegros y unos amigos, pero al final, como siempre, dije la verdad: «Vivo solo». Ya con mis dos mascarillas en la mano, decidí comprar también un botellín de alcohol. Los únicos botellines que tenían eran de 70 grados, no de 96 grados, que son los que normalmente solemos tener en casa. Me llevé el de 70 grados, aun sabiendo que en casa hay algún licor que posiblemente tenga algunos grados más.

Aproveché esa primera visita a la farmacia para comprar también una caja de 50 gasas y un pack de seis cepillitos interdentales, extrafinos suaves, de 0,5 milímetros. Lo explico ahora con tanto detalle por si alguno de mis queridos lectores me quisiera hacer estos días un regalo y no supiera qué comprarme exactamente. No me importaría tampoco recibir como posible obsequio alguna mascarilla, a ser posible de color verde, para que pudiera hacer así además juego con mi bolsa del súper y con mis lentes.

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