En ocasiones, justo antes de salir de casa para ir al supermercado, es fácil sentirse ahora como uno de esos personajes un poco sospechosos que eran controlados a distancia en la serie «Vigilados. Person of Interest» o en la película «Minority Report». Aun así, como mi último móvil lo compré de oferta y además nunca me ha acabado de ir demasiado bien, no sé si llegado el caso la CIA, el MI5 o el CNI podrían llegar a geolocalizarme siempre correctamente, aunque es razonable suponer que posiblemente sería así.
De momento, ya hay alguien que siempre sabe en qué lugar estamos, dónde vamos o a qué hora nos movemos, San Google, algo que por lo demás cabría esperar dada su actual condición de «santo». Así nos lo ha recordado esta semana, presentando un informe sobre el actual confinamiento en el que se detallaban porcentualmente datos relativos a nuestras salidas al súper, nuestros viajes en autobús o nuestros paseos con nuestras queridas mascotas. Por fortuna, todos los datos eran anónimos, así que de momento aún es posible preservar una cierta privacidad personal acerca de la hora a la que tiramos la basura o sobre si nos gusta más ir a la pastelería que al supermercado.