El Club de la Comedia con sus populares monólogos son unos aprendices si los comparamos con las bobo-labadas puestas en circulación por la tribu política en la resaca postelectoral. Tanto los que ganaron como los que perdieron. El consumo de trankimazines, ibuprofenos, omeprazoles y cardo mariano se disparo en los partidos mayoritarios así como la viagra en los partidos liliputieneses y sobre todo en Podemos.
El electroencefalograma plano que impero en la campaña preelectoral sigue manifestándose en los mantras y en los guiones sedantes de las carpas políticas. Ha pasado lo mejor que podía pasar. Ante esto hay varias posturas: la negación, cerrar los ojos para no ver lo obvio, la proyección desresponsabilizadora, la autocomplacencia o la autocrítica deliberativa madura y adaptativa. Escuchar frases como "nos ha faltado comunicación y pedagogía" es una tontería como el Puig Major de grande. Arriola como chivo expiatotrio, no me extraña que le haya dado una crisis de pánico. Al PP le ha sobrado una serie de conductas en las que se ha maltratado a sus votantes. Les han puesto los cuernos y luego se lamentan de que les ha faltado el relato narrativo para justificarlo. La confianza hay que ganarsela y el PP no lo ha hecho.
Y que decir del PSOE. Una de sus líderes locales suelta que a pesar del gran batacazo global y autonómico “los ciudadanos votan opciones de izquierda para salir de la crisis”. Vamos anda. Tras el renuncio, la impostura y la sobreactuación. Nunca la autocritca.
Podemos es una criatura que ha mamado y crecido en las ubres socialistas y que luego se ha convertido en un adolescente contestatario y critico. Es decir, en el argot freudiano, ha matado al padre. Algunas de sus consignas son razonables, otras son deseables pero no son posibles y el resto son quimeras que rozan la demagogia. Podemos es un acting out emergente pero que hay que contextualizarlo. Podemos es el posicionamiemento crítico al quehacer socialista actual. Ellos no esperan nada de la derecha. Quienes les han defraudado son los suyos. A quien maá debería preocupar es a la bancada socialista, ya que los pone en la tesitura de identificarse con claves antisistema. ¿Resistirán la tentación?
Es sana esta desmitificación y este rechazo, no al bipartidismo, sino a como se comporta en este contexto. No sólo son las creencias, son las conductas lo que cuentan. Tras una abstención demoledora, aunque intenten minimizarla, se ha demostrado que la gente no se chupa el dedo. O diagnostican bien o los resultados se repetirán. Sobran la omnipotencia, el cainismo, la envidia, la broncemia y altanería y faltan autocrítica y deliberación interna. Todavía pueden cambiar el rumbo y volver a ganarse la confianza. Ahora bien, toda situación por mala que sea es susceptible de empeorar y muchos hemos pasado del voto al veto. Enhorabuena a Rosa Estaras se lo merece.