Debate sin autonomía

Esta semana se ha celebrado en el Parlament de les Illes Balears el último debate sobre el estado de la autonomía de esta legislatura. El debate es algo así como el debate del estado de la nación, pero en versión local. Y la estructura es similar. En este caso, la presidenta saca pecho de su gestión y aprovecha para decir lo bien que lo está haciendo, luego llega el turno de réplica de los partidos, con críticas de la oposición y loas del partido propio y de los que comparten responsabilidades en el Gobierno y, finalmente, contrarréplica del presidente o presidenta para volver a zurrar a la oposición y remarcar, por si no había quedado claro antes, que solo él o ella está capacitado para seguir al frente del Ejecutivo y que la oposición sería lo peor que le puede pasar a las Illes Balears.

Como era el último debate de este tipo de la presente legislatura -recuerden que el próximo mayo hay elecciones autonómicas y municipales, por si alguno todavía no se ha enterado-, la cita tenía algo más de interés -no mucho más- que los que se celebran en mitad de la legislatura, que solo interesan a sus señorías y a sus cuatro voceros. Pero la proximidad de la cita electoral y, sobre todo, la posibilidad de cambio que anticipan algunas encuestas aumentaba la expectación sobre su desarrollo y sobre lo que sus señorías podrían ofrecernos, todo ya en clave electoral.

Pero un debate autonómico, que se supone en clave local, dejó de serlo antes de su celebración, cuando el día anterior la presidenta Armengol usó el comodín nacional del, en otras ocasiones, incómodo Pedro Sánchez para anunciar la aprobación, cuatro años después, de la parte fiscal del REB para compensar a empresas y autónomos. En el mismo acto, Sánchez, que reaparecía públicamente después de su convalecencia por COVID, anunciaba la inversión de 20M€ para el inicio de las obras del tranvía de Palma, ese medio de transporte que tanto excita a los socios del Pacte y que cuando uno lo ve en otras ciudades, va medio vacío.

Anuncios que la presidenta Armengol complementaba durante el desarrollo del debate con el anuncio de un “escudo social” -fantástico eufemismo propagandístico de la izquierda- y el incremento del techo de gasto en un 15% con respecto a 2022, bajo la premisa de reforzar los servicios públicos y no dejar a nadie atrás. Igual ya demasiado tarde. La realidad es que ese mayor gasto procederá de los recursos aportados por papá Estado y por los provenientes del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia del fondo europeo Next Generation.

Política autonómica, con fondos externos. Dopaje económico para el Govern que ve multiplicados sus recursos para comprar voluntades y llegar con ventaja a la cita electoral. Nunca antes un Govern de las Illes Balears habrá tenido tanto dinero para gastar como el actual. Escudo social o escudo político, llámenle como quieran, pero la realidad es que Armengol parte con ventaja sobre sus rivales, aunque eso tampoco resulte una garantía de éxito. Precisamente, porque la política autonómica depende cada vez más de lo que sucede a nivel nacional e internacional. Se ha demostrado esta semana, en la que el protagonista del debate de autonomía de nuestra comunidad ha sido Pedro Sánchez y sus anuncios.

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