Manix, apodo por el que se reconoce al tercer entrenador que dirige al Atlético Baleares en la presente y terrorífica temporada, era un detective privado que daba nombre a una antigua serie de televisión en blanco y negro de los tiempos del cuplé. Siento decir que, de no cambiar mucho los próximos resultados y actuaciones, a este equipo no lo salva ni Ironside. Ni con un penalti a favor al cuarto de hora y jugando contra un Sabadell mediocre instalado en la comodidad del ancho de la clasificación, que se quedó con diez antes del descanso y con nueve durante el último cuarto de hora, Son Malferit pudo ser testigo de una victoria ya no necesaria, sino imprescindible. Al término del partido Mandiola se quejaba de la falta de gol de sus jugadores, sin aludir a la ausencia de ocasiones ni al cambio de delantero por delantero en plena agonía. Esto, ya lo dijimos, pinta mal.
El Mallorca, desastroso, puede permitirse el lujo de perder casi por goleada en Cornellá, un conjunto primario que extrae las máximas posibilidades a las características de sus jugadores y la categoría. Otra cosa es hacerlo con la imagen que ofreció. Incomprensible el planteamiento de Vicente Moreno, con tres centrales, sobrecarga en la banda derecha con Gámez y James pisándose el terreno y Bonilla solo en la izquierda para defender en solitario y salir sin apoyos. Fallida actuación defensiva, pésima en el centro del campo donde, con menos efectivos, siempre dominaron los locales y penoso el inoperante dúo ofensivo integrado por Abdón y Cedric. La injustificable prepotencia mallorquinista quedó retratada en los tres goles encajados, en la expulsión de un Raillo incapaz de sostener su propia vergüenza y en el gol de libre indirecto anotado en el minuto 93 como símbolo de un ridículo inesperado e impropio de un líder que no consigue ni maquillar el marcador.