Cs no quiere sentarse a negociar con VOX. ¿Por qué? Porque para la opinión pública mayoritaria VOX es ultraderecha, extrema derecha, es decir, fascismo. Y claro, negociar con Mussolini o Hitler estaría mal visto.
¿Es esto cierto? ¿VOX equivale a Hitler? Claro que no. Pero esta mentira ha sido cuidadosamente alimentada por los medios, progres y no tanto, a los que se han sumado por su interés partidista Cs y hasta el PP -Casado, se supone que por presiones de sus barones; concedámosle el beneficio de la duda.
Tratemos de vencer la repugnancia que produce este uso descarado de la mentira y la manipulación, para poder explicarlo, aunque sea más grave aún en relación con partidos como PP y Cs, que también han sido y son todavía víctimas de esta misma técnica consistente en llamar fascista a todo disidente, pero que ahora no dudan en sumarse al linchamiento, porque les conviene quedar como moderados.
El problema viene de antiguo. Su origen está en considerar al fascismo y al nacional socialismo como ideologías de derecha -extrema-, cuando tienen mucho más en común con la izquierda. Ya Ludwig von Mises comparaba el modelo de lo que llamaba socialismo alemán -nazismo, diríamos nosotros-, y el del socialismo ruso -comunismo-, explicando que en ambos el Estado controlaba totalmente -totalitariamente- la economía, en el caso ruso directamente, y en el alemán, indirectamente, a través de unas empresas títeres, pero siendo ambos básicamente lo mismo: una dictadura liberticida supuestamente justificada por el bien común.
En definitiva, fascismo, nacional socialismo, socialismo y comunismo comparten sus rasgos esenciales: control total de la sociedad, incluyendo por supuesto la economía, por parte del Estado. Difieren en el método, entre otros aspectos: socialismo y comunismo serían más internacionalistas, mientras que fascismo y nazismo, partidarios del Estado-nación. Pero eso era antes; ahora en España la izquierda es a menudo nacionalista. Por tanto, lo fundamental es equiparable. Por eso el programa de Falange se parece más al de Podemos que al de VOX: intervencionismo rampante en pos de la “justicia social”.
Sentado esto, entendemos los problemas de algunos para situar a VOX: para la izquierda, en la extrema derecha caben tanto fascismo como “neoliberalismo”, como llaman ellos al liberalismo de toda la vida. Se mueven en esta confusión conceptual porque les sirve para vincular a Hitler a todo el que discrepe. Lo ha reconocido hasta Julio Anguita, comunista pero que al menos conserva algo de respeto a la verdad: “el fascismo tiene un barniz de política social y estos señores no, estos señores son neoliberalismo puro y duro”, ha declarado en referencia a VOX.
Y es que el enemigo común de todas estas doctrinas totalitarias, fascismo, nazismo, comunismo y socialismo, es el liberalismo, que defiende la libertad del individuo frente al Estado y frente a todo tipo de opresión, y que es la base de las democracias occidentales, llamadas técnicamente democracias liberales porque se supone que se basan en la protección de los derechos de la persona, del individuo. Aunque desgraciadamente, cada vez menos.
De modo que lo apropiado sería incluir al fascismo en la extrema izquierda, y reservar la derecha para liberales y conservadores (otro día quizás hablemos de las diferencias entre ellos, reales o no tanto) como VOX, que entonces podrían aceptar la etiqueta con mucha honra.
En conclusión, quien merece el cordón sanitario es quien se opone a la democracia liberal y al Estado de derecho: comunistas, socialistas, nacionalistas… Extrema izquierda, grosso modo. Es decir, el PSOE y sus aliados, mientras no vuelvan al menos a la socialdemocracia, donde se encontrarían con buena parte de Cs y PP.
Por tanto, amigos de Cs, pacten si quieren con el PSOE. A muchos no nos parecería mal, si consiguen centrar a Sánchez. Pero átense ese cordón sanitario que le quieren poner a VOX, partido liberal conservador, no se lo vayan a pisar y se acaben estampando contra las urnas.