Crisis de confianza

Cameron convocó un referéndum para ratificar la permanencia del Reino Unido en la UE y resolver la división entre los conservadores. Estaba convencido que con la consulta se despejarían las permanentes dudas que se vertían sobre la conveniencia de continuar anexionada a la Europa tradicional. El pueblo votó por la salida. Apostó por el Brexit. Clamorosas mentiras sobre la contribución económica del país a la unión calaron entre los votantes. Cameron vio quebrada su carrera política, se vio obligado a dimitir y como colofón aumentó la división entre los conservadores.

Santos, presidente de Colombia, ha dedicado todas sus energías a conseguir la firma por la paz. Los matices del acuerdo aparentaban no ser importantes. Un horizonte sin la guerrilla parecía, por si solo, inclinar la balanza hacia el apoyo ciudadano mayoritario. No se valoró en su justa medida, que mentiras repetidas mil veces, entre las que figuraban la asignación de un sueldo mensual a los guerrilleros, calaran entre la gente. Convocó un plebiscito que no pedían ni los que ganaron. El pueblo, hambriento de paz, opinó y le hizo saber que no era un buen acuerdo.

El camino de Hillary hacia la Casa Blanca se presentaba apacible. Recogía un legado más que favorable de un Obama sensible, centrado y bueno. Su oponente no gozaba ni del apoyo de su propio partido. Las manifestaciones de los significados barones republicanos le repudiaban un día sí y el otro, también. En la noche electoral saltó la sorpresa. Trump, contra pronóstico, con los sondeos desfavorables y con los medios de comunicación no alineados, ganó las elecciones con solvencia.

Tres revolcones de esta magnitud obligan a meditar lo que está pasando. Son tres situaciones diferentes y distantes con un final sorprendente e inesperado. Situaciones en la que los medios se apoyaban en un resultado unívoco que posteriormente no fue ratificado por los votantes.
Las causas de estas divergencias con múltiples, diversas, complejas alambicadas, paradójicas y algunas inescrutables. En los tres casos, aparentemente, el día después, se reciben los resultados con frustración. Como si se hubieran pasado de frenada. No es despreciable la posibilidad de que el intento de dar un correctivo, un aviso, la voluntad de no contribuir a una victoria cantada, acabe en una bofetada.

¿Informaciones sesgadas o insuficientes y la falta de confianza en las formas tradicionales de ejercer la política, pueden explicar un frondoso cambio de voto hacia las opciones presentadas como perdedoras?. Es muy probable.

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