El poco edificante espectáculo que ofreció el miércoles el conseller de Trabajo y Turismo en la sede de la vicepresidencia del Govern ante numerosos funcionarios indica que esta legislatura nace con enormes tensiones entre los socios del Pacte, por más que ayer quisieran disimularlas.
Quienes han vivido en pareja saben que esto de la convivencia es siempre difícil, incluso para aquellos unidos por sentimientos tan potentes como son el amor o la amistad. Cuando se trata de compartir el ámbito más íntimo, nuestro Yo se rebela para defender la intrínseca unicidad del individuo, nuestro territorio. De ahí no pasas, que muerdo.
Pero cuando la convivencia nace solo de la conveniencia y no es consecuencia de la querencia, hace falta armarse de mucha paciencia, y esa es una carencia que evidencia Negueruela, que detesta a quien ocupa la vicepresidencia por haberle robado la capacidad de influencia sobre la presidencia.
El gallego y el sevillano son agua y aceite, no solo en lo ideológico, sino sobre todo en las formas. Yllanes puede ser radical en las ideas, pero difícilmente perderá los estribos en público, aunque pueda ser muy duro y, como juez, ciertamente, lo era.
Que dos consellers se enzarcen en una disputa a gritos por un cacho de presupuesto o por su ubicación en la foto tampoco es extraño y, si no, que se lo pregunten a quienes escuchaban muchos viernes los airados enfrentamientos en los consells de govern de Bauzá entre la envalentonada ala dura y la minoría moderada. Pero una cosa es discutir en un despacho, de tú a tú, o en un consejo de gobierno, y otra muy distinta montar un espectáculo testosterónico aderezado de vulgaridad ante el respetable y, especialmente, ante los funcionarios a quien un conseller debe transmitir, sin que se huela ni una pizca de prepotencia, su auctoritas.
Decía mi profesor de Derecho Político, el inolvidable Francisco Astarloa, que jamás nos fiáramos de las personas maleducadas. Es un consejo que he seguido toda mi vida. No todos los individuos han tenido oportunidad de mamar la misma educación, claro, pero incluso la ignorancia más profunda no justifica nunca el trato desconsiderado y vulgar para con los semejantes.
Parece ser que Negueruela es conocido por sus arranques de ira y su escasa capacidad de contención. Armengol debería valorar seriamente si le conviene tener a su lado a quien no ha esperado ni un minuto a echar por tierra el dudoso crédito de la consistencia del Pacte. De la conga, a la bronca. Esto va a ser divertido.