Conviene ignorar a los pardales tóxicos

Recupero este artículo que escribí hace tiempo, motivado por varios pacientes que han acudido recientemente a mi consulta y me comentaron que eran objeto de un des-pellejamiento des-acreditador e indigno en su grupo de trabajo. Espero que le sirvan estas reflexiones.

“Nadie se libre de semejante fauna social. La tribu de carenciados, enanos mentales y envidiosos y de-sustanciados tóxicos que se dedican a des-pellejar al prójimo no mengua. Todos estamos satelizados por personajes con moral liliputiense y minimalista. De hecho son personajes que dedican mucho tiempo en proyectar sobre los demás su medianía, su complejitis y su mediocridad vital. Como dice el grupoanalista Ayerra “sufrimos más de estupidez que de maldad, aunque paradójicamente nuestra estupidez nos escandalice y asuste mucha más que nuestra maldad”.

Hay una reflexión ética que siempre debe de acompañarnos a los largo de nuestra vida, excepto si el tsunami del Alzheimer arrasa nuestro cash cognitivo. ¿Construimos nuestra vida, dedicando mucha energía, tesón y tiempo a hablar mal o mintiendo sobre prójimo? ¿Construimos nuestras relaciones interpersonales y las seguimos manteniendo porque compartimos con ellas, frecuentes espacios para despellejar al prójimo? .

Sostiene el prestigioso grupoanalista vasco que” hay personas violentadas por las circunstancias de su vida que se instalan en la violencia como la única manera de sobrevivir-ya que no de vivir- y parasitados por la envidia, el odio, el resentimiento, la desconfianza hacia si mismos y hacia los demás, añadido a un profundo miedo a la vida y la muerte proyectan su falta de autorrespeto y de autoestima en los demás.

El respeto, elemento clave en el bienestar psicológico personal y en la interacción social ocupa un nivel mínimo de reconocimiento y práctica. Estamos en una sociedad “ruidosa” donde el ruido negativo no adquiere en muchas ocasiones la categoría de información. Resultado: se genera un malestar constante en la vida cotidiana, se manipula la realidad, se exacerban los malentendidos sociales, se dificulta la estabilidad del clima social y lo que es mas grave se instala cada vez más el trato indigno.

Los ataques a la dignidad no cesan en el ámbito social cada vez más inhóspito, el trato indigno en las relaciones interpersonales va en aumento. Las agresiones a la dignidad comienzan siempre erosionando la fama, ya saben “calumnia que algo queda”. Cuantas veces olvidamos las palabras del filósofo, Cioran” nos confesamos cuando hablamos de los demás” y cuanto cuesta reconocer y renunciar a proyectarnos en los demás.

La rumoropatia, autentica pandemia social alcanza su máxima excelencia. Nuestra carencia evolutiva hace que seamos animales que humillamos, expertos en destruir la esperanza y en disfrutar inmensamente denigrando a otras personas y por supuesto a nosotros mismos.

Por supuesto la humillación esta inextricablemente unida al ansia de vengarse.

Es necesaria la implantación de una ética cívica que reduzca la humillación, es clave encontrar una alternativa al sadomasoquismo perverso como modelo para las relaciones humanas. El mantenimiento de la dignidad tiene que estar refrendado en el trato que recibimos de todos los que nos rodean. El objetivo es rebajar los niveles de “infección psíquica social”. Ahora mas que nunca hay que renunciar a despellejar al prójimo. El respeto a uno mismo y a los demás no tiene precio por lo que tiene un gran valor y merece todo tipo de esfuerzos, voluntad y empatía.

La envidia, el miedo, el poder, la perdida de valores y sobre todo el dinero generan hoy la mayoría de las conductas violentas y el maltrato indigno. En el asalto a la vida pública todo vale. El hostigador no saldrá jamás de su envidia y mediocridad. No se duda en manipular los hechos, la verdad y a los “amigos”. El auto respeto cotiza a la baja y las conciencias nunca han estado más necesitadas de la ortopedia.

En el clímax del mobbing y del bullying hay que recordar y practicar, mes que mai, que no hace falta apagar la luz del prójimo para que brille la nuestra. Como decía Miguel Delibes “La civilización nos ha llenado el estómago y vaciado el corazón”. Conviene practicar lo que enseñaba un chaman indio: “no critiques a nadie sin haber caminado 25.000 leguas en sus mocasines”. Construyamos nuestras vidas intentando que siempre haya alguien que nos pueda soportar, porque en realidad difícilmente nos podemos y sabemos auto aguantar nosotros mismos. En otro artículo daremos pautas sobre la ecología emocional en las relaciones humanas y el triple filtro socrático preventivo del rumor despellejador del prójimo.

omo dice el Dalai Lama “deja ir a las personas que solo llegan para compartir quejas, rumores, miedo y juicios de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente”.

Juzgar a una persona no define lo que es y quien es. Define quien eres tú.

Y por supuesto aun, aquí y ahora en derrota transitoria pero nunca en doma.

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