El Govern pretende que nos creamos que con el mismo dinero va a poder hacer más cosas. El problema principal de este ejercicio de funambulismo argumental es que en 2020 no va a recaudar lo mismo que en 2019, sino menos, y entonces sí que esa pretendida cuadratura del círculo se desmorona.
Hay que olvidarse, pues, de los compromisos adquiridos para la mejora de las áreas sociales, aquellas que más de cerca palpa la gente para valorar la gestión del ejecutivo cuando ha de acudir a las urnas: Sanidad, Educación y Servicios Sociales.
Recortar los cuartos a otras consellerias de forma significativa para tratar de salvar estas resulta imposible, porque las demás disponen de un presupuesto mucho menor y, además, algunas de ellas, como Medi Ambient, por ejemplo, eran también bandera de este Govern rojiverde, o al menos eso es lo que se nos ha vendido hasta ahora. En las comunidades autónomas, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito estatal, no tenemos un área tan relevante como la de Defensa sobre la que cargar el peso del déficit cuando vienen mal dadas.
La conclusión es que estamos viviendo un gigantesco engaño, el próximo curso presupuestario va a ser muy duro y no solo no se llevarán a cabo muchas de las promesas del ejecutivo de Armengol, sino que lo más probable es que deban realizarse dolorosos ajustes en materias que se consideraban consolidadas y encomendar casi toda la inversión al entendimiento con quien ocupe la Moncloa a partir del 11 de octubre.
Al borde de las elecciones, el Govern ha prostituido la ecotasa para aparentar que continúa pudiendo invertir, pero a costa de un duro enfrentamiento con los ayuntamientos y de convertir el llamado impuesto verde en una auténtica estafa, que de momento sufragan los turistas.
Así es que, más allá de efectismos sin repercusión presupuestaria, en 2020 vamos a experimentar contadas mejoras sociales en Balears.
Vienen nubarrones y estos, en economía, acaban convirtiéndose indefectiblemente en más impuestos.