El pasado lunes celebramos el primer 25N contra la violencia de género con VOX contaminando y boicoteando desde dentro de las instituciones. Lo que hace un año sólo era un temor que movilizó a cientos de miles de personas este año se ha convertido en una triste y preocupante realidad que nos tiene aún en shock.
A la ultra derecha le importa poco las mujeres asesinadas a manos de sus maridos o el maltrato machista. Lo quieren disfrazar de violencia intrafamiliar y cuando les hablan de mujeres maltratadas ellos te sacan el 0’001 de denuncias falsas como si fuesen la verdad absoluta. Mienten como hacen siempre. Emponzoñan a la opinión pública con datos falsos y fakes imposibles.
En Baleares los ultras por primera vez en muchos años han impedido que se hiciese una declaración institucional contra la violencia machista. Saben los de Jorge Campos que ir en contra de los machistas es ir en contra de su propio electorado tan lleno de odio e ignorancia a partes iguales. En el PP se han hecho los escandalizados y han salido las Margas (Prohens y Durán) y la misma Isabel Llinás (víctima de la violencia machista) en redes sociales para hacer el paripé y hacerse las súper ofendidas con la postura de los ultras mientras defienden pactar con ellos en Madrid, Castilla y León o Murcia. Es increíble ver cómo pueden vivir con esas tragaderas tan amargas.
Aunque para bochorno el de Ortega Smith acobardado delante de Nadia Otmani que es una mujer parapléjica superviviente de violencia machista que en un acto celebrado en el Ayuntamiento de Madrid le cantó las cuarenta al aspirante a Millan Astray mientras éste ni se inmutaba. Los de VOX son muy valientes en redes sociales contra las mujeres, los inmigrantes o los gays pero en las distancias cortas son unos cobardes y cagados que si no van en manada no son nadie.
Poco a poco los de Abascal se van quitando las máscaras y ya no engañan a nadie. Estar con ellos es estar en contra de la igualdad, del progreso y de la convivencia. Votarles es ser cómplices de sus actos y fechorías. Es hora de mojarse, no vale ser equidistante.