Como una ola tu amor llegó a mi vida
Como una ola de fuerza desmedida
Sentí en mis labios tus labios de amapola
Como una ola
Y me escapé contigo mar adentro
Sin escuchar las voces en el viento
Como una ola se fue tu amor
Como una ola
“Sin escuchar las voces en el viento”, como cantó en su día Rocío Jurado, se ha plantado ante nosotros la tan anunciada y temida segunda ola del coronavirus. Por mucho que el Ministro Illa siga diciendo que la situación está bajo control, ya son varios los científicos nada sospechosos de querer tumbar al gobierno Sánchez-Iglesias que apremian para que, aunque no se declare oficialmente, todos actuemos ya como si estuviéramos inmersos en ella.
Y esta vez tenemos que estar especialmente atentos a la evolución porque Baleares ha dejado de ser aquel paraíso aislado y cerrado por mar y aire que ofrecía datos de contagios y fallecidos muy por debajo de la media nacional.
Esto ya no es así, y en Baleares hoy la pandemia ya crece más rápido que en el conjunto de España, con más de 100 nuevos contagios diarios y una tasa de reproducción del virus de 1,26. Es la más alta desde que empezó esta pesadilla en el mes de marzo.
Con esta evolución en España y en Baleares, y con media Europa prohibiendo venir o poniendo cuarentenas a todo lo que haya tocado esta bendita tierra, no podemos esperar otra cosa que un septiembre de vuelta al calabozo o algo similar.
En los mentideros políticos de Madrid ya hace semanas que se elucubra con que no hemos vuelto al Estado de Alarma porque en agosto con España llena de turistas es inviable por costoso un plan de repatriaciones como el que se vivió en Marzo, y porque el martillazo a la economía sería mortal de necesidad anunciando al mundo el fin fallido del intento.
Septiembre será otra cosa. Primero, porque Pedro Sánchez habrá vuelto de vacaciones, y segundo, porque el desenlace del prueba-error de este verano habrá sido nefasto en términos económicos y sanitarios.
Y sí se puede señalar algún culpable al margen de la mala conciencia de muchos ciudadanos. A Baleares, Madrid nos ha vuelto a maltratar no permitiendo los controles con PCR que tantas voces han pedido desde aquí encontrando el sonido del desierto como respuesta. Quizás con esos controles ni siquiera Alemania se permitiría la promiscua crítica hacia las islas señalándolas como parte de la culpa de su segunda ola.
O Madrid no nos ha querido escuchar, o el Govern de Francina habla demasiado bajito cuando llama a la Moncloa. La petición quedó en un susurro.
Y así, ‘sin escuchar las voces en el viento’, llegó tu virus…. Como una ola.