Coaching espiritual y cábala

En esta sociedad actual en la que vivimos, la espiritualidad ya no está de moda.

Cuando hablo de espiritualidad, enseguida noto que mi interlocutor me mira como si estuviera loca, como si esto no estuviera de moda, y añaden, habitualmente, un “no te pega”.

Cuando llevas tantos años vinculada al mundo empresarial como llevo yo, parece que este esté reñido con la espiritualidad y fuera una palabra proscrita en nuestra cultura actual.

¿Qué entendemos por espiritualidad? ¿Está siempre unida a la religión?

En mi cuarto libro, 'La imagen de tu alma', explico la diferencia entre ambos conceptos y cómo la espiritual llega como una búsqueda interior, cuando lo superfluo y lo banal ya no te llenan.

Acuden a mi despacho de Cábala y Coaching Espiritual muchas personas buscando algo más, un sentido a sus vidas, y cuando les hablo de la espiritualidad se sorprenden y, a puerta cerrada, admiten que es algo que ya están sintiendo y que les nace del interior.

Pero, ¿cuál es la razón por la que siempre se une a la religión? ¿Se puede ser espiritual sin ser religioso?

Estas son las preguntas a las que respondo en 'La imagen de tu alma' y aclaro las diferencias conceptuales que, por cultura, nos han hecho relegar la espiritualidad a un segundo plano, o diría más, dejarla fuera de nuestra vida.

Vivimos en modo reloj, viendo pasar las horas y viviendo como autómatas, sin preguntarnos si ésta es la única vida que puedo vivir y sin dar un sentido de vida a la misma.

No obstante, también es bien cierto que hay muchas personas que comulgan con una doctrina religiosa y, al mismo tiempo, son espirituales, ya que la religión debería de acompañar a la persona a la hora de adentrarse en su espiritualidad, y por doctrina lo hace.

Lo que ocurre es que, como todo, la religión también está liderada por los hombres, y las malas acciones de algunos han hecho que se nublen las verdades de otros.

Es por ello que nos hemos perdido entre mentiras y traiciones de los que han utilizado la religión como un escudo para realizar sus fechorías y delitos en nombre de un Dios castigador y maltratador que no existe.

Dios no nos castiga ni nos premia; somos nosotros los que cometemos tales actos, los que nos convertimos en nuestros peores verdugos y en nuestros mayores enemigos.

Somos nosotros mismos los que podemos crear nuestra realidad si aprendemos a conectarnos con nuestro interior, con nuestra esencia más divina, y con lo que, por naturaleza, nos ha sido asignado.

Es más sencillo de lo que a priori nos parece, y en mis sesiones de Cábala y Coaching espiritual lo enseño a mis clientes, guiándoles hacia una vida mejor, posiblemente no más sencilla, pero claramente más satisfactoria.

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