Corría el año 2014, coincidiendo casi con el final de mi trayectoria como Director General de Interior, Emergencias y Justicia, cuando se empezaba a hablar de corrupción en la Policía Local de Palma, de mafia policial, de capos pagando orgías a policías y un sinfín de tropelías que a cual más grande.
En el origen del caso Cursach, la operación Sancus, aparece mi nombre como colocado a dedo por el Partido Popular para seguir beneficiando al PP en una suerte de corruptelas y mafia policial y empresarial; lo que hace que me interese por el caso, repito, aparece mi nombre simplemente como cargo del PP por aquel entonces, sin más relevancia. Por lo que leí en su día no quedaba títere con cabeza, ni delito por atribuir.
A partir de ese momento empiezan a llegarme las noticias: investigado el Comisario Mut por corrupción, consumiendo cocaína en fiestas privadas de Cursach. ¿Pero quien puede creerse esa sandez conociendo a Mut? Así como también por abrir un expediente a un “poli bueno”, o sea, condenado de antemano, si abre expediente lo investigan por obstruir la labor judicial, si no lo abre lo investigan por prevaricación. Que el policía José Antonio Manzanares ha sido detenido y ha ingresado en prisión por prevaricación y pertenencia a banda criminal, ¿cómo?, ¿qué la integridad personificada ha sido detenido por prevaricación? Qué Gabriel Torres y media patrulla verde han sido detenidos e ingresados en prisión por hacer su trabajo: inspecciones y campañas de control de aforos y ruidos (también se hizo inspección a locales de policías empresarios). Si conoces mínimamente a los investigados, sabes que nada era cierto y la presunción de inocencia no existía.
Irene San Gil, Álvaro Gijón, Miguel Femenía, Gabriel Vallejo y una lista más de las víctimas, pasaban en esas fechas, con diferentes suertes (“Trick or treat”), ante quienes tenían que velar por los derechos fundamentales, con ánimo de socavar la integridad de las personas que irían desfilando por el “Paseo del terror 12”.
La fiabilidad de los testigos hacía presumir que daba igual la presunción de inocencia. Siempre sostuve (apreciación muy particular) que la intención de Penalva era emular el éxito del Juez Castro en el caso Nóos y la de Subirán un ataque de celos hacia el fiscal, por aquel entonces, Horrach.
Las noticias que me llegaban de la Policia de Palma, ciertas o no, eran que se vivía con temor y bajo una esfera de terror; que en cada esquina del edificio podía haber una grabadora o un policía grabándote; que si hacías comentarios en contra de los “polis buenos” estabas al día siguiente declarando; que quien mandaba no era el Jefe de Policía, era el “poli más bueno”, con el beneplácito de la regidora. Solo por el hecho de defender la presunción de inocencia y la honorabilidad de los policías ya caías en sus redes (véase el Comisario Morey). En resumen, los policías no querían hacer su trabajo por miedo a ser denunciados y por el menosprecio de algunos ciudadanos.
A más inri, los políticos de aquel entonces, aun hoy en activo y sin pedir perdón, destrozaron a muchas familias (esposas, padres, madres, hijos, parejas…) y causaron la muerte en vida (laboral y personal) a muchos de los policías y a funcionarios; de los empresarios ya se encargaban Penalva y Subirán. Años de sufrimiento y tratamiento médico, años de suspensión de empleo y sueldo, años de escarnio público, años de ver perder tu patrimonio, años vulnerando el derecho a la presunción de inocencia.
A todos y cada uno de ellos los conozco, tanto policías, como políticos o empresarios. En todos los colectivos y profesiones, la mía incluida, hay un porcentaje de garbanzos podridos, como se ha demostrado en el colectivo judicial, pero precisamente los investigados en el caso Cursach y por los motivos por los cuales fueron acusados, no forman parte de este porcentaje.
Conozco personalmente a Tolo Cursach, Tolo Sbert y a Toni Bergas, empresarios y gestores que buscan maximizar beneficios, como cualquier empresario, pero con prácticas legales, como cualquier empresa grande, por mucho que les pese a sus “enemigos”.
Le decía a uno de los investigados (empresario) que no puedo darle la enhorabuena por la absolución ya que sería reconocer que el juicio se tendría que celebrar y no es así; nunca debió celebrarse. Tenemos que alegrarnos por la finalización del juicio que es cosa distinta. Y tenemos que alegrarnos por la disección del Fiscal Herranz, reconozco que me emocioné al escucharlo.
Toca intentar resarcir parte del dolor, la entrada en prisión nunca podrá ser resarcida. El problema es que mucha parte de ese resarcimiento será a costa de todos los contribuyentes de Palma. Espero que los dirigentes actuales se dignen a pedir perdón y reconozcan el daño que han hecho.
No ha de existir ninguna duda de la profesionalidad de la Policía Local de Palma en su conjunto y, sobre todo, de la inocencia de los policías y empresarios mancillados, aunque se oigan voces de juristas, políticos o policías (ese porcentaje del que hablaba) que pretendan continuar alentando la duda sobre la integridad de los investigados.
Sergi Torrandell.
Sergi Torrandell.