Cambio de paradigma II

La semana pasada imploraba un poco de sentido común a la hora de tomar decisiones que afecten al sistema educativo. Esta
semana los estudiantes no universitarios de Baleares han vuelto a las aulas virtuales rodeados de muchas preguntas que quizás en algunos casos los docentes no hemos sabido ni siquiera responder porque son muchas y muy diversas las casuísticas que
se plantean ante una tercera evaluación que previsiblemente no sea presencial.
El anuncio por parte de la Ministra de Educación de que la repetición tiene que ser una medida excepcional ya es algo que la
propia ley de educación contempla. Ahora, son los docentes que tienen que aportar, nuevamente, su granito de arena para
conseguir que sean los menos alumnos que repitan de curso. Y eso se consigue no aprobando alegremente a los alumnos sino haciendo un trabajo de seguimiento y evaluación personalizada. Y los docentes, una vez más, están ahí para dar la talla.
En este sentido, aquí es donde entra en juego uno de los motivos por los que analizo el cambio de paradigma que se debería
llevar a cabo en nuestro país con la educación. La convocatoria extraordinaria de septiembre o la repetición son medidas que en pocos casos sirven para algo. Si analizásemos los datos del porcentaje de alumnos que durante el curso aprovechan la
repetición, nos daríamos cuenta de que el número no sería mayor al quince por ciento.
En mi mente de director de instituto planea la idea desde hace ya un par de años de que ningún alumno de mi centro repita
curso. A voz de pronto a los más conservadores de la educación les puede parecer una aberración. Quienes lo critiquen quizás
les falte información y visión de terreno.
Además, si de lo que se trata es de trabajar de una manera mucho más competencial y las competencias tienen niveles de
consecución, lo más lógico sería que los alumnos no estuviesen matriculados en primero, segundo o tercero de la ESO sino que lo estuvieran en el nivel de competencia que tiene ese alumno. Evidentemente, esto da pie a que se produzca una revolución
organizativa tanto en la normativa como en la organización interna de los centros.
Otro de los cambios de paradigma que deberíamos poner en práctica después de lo que estamos viviendo con el COVID-19 es la situación real y social en la que van a quedar muchas familias de nuestra comunidad autónoma. Muchos centros
educativos de Baleares van a tener que priorizar el curso próximo en otras cosas que no sean las puramente curriculares. Es el momento de tirar de imaginación e intentar fidelizar a alumnos para evitar una brecha social más grande que la provocada por
esta crisis. Es responsabilidad del sistema educativo evitar que nuestros alumnos que finalicen la educación secundaria obligatoria pasen a engrosar las listas de ninis”. Éste será un verdadero drama y un verdadero fracaso como sociedad.
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