Tengo a Fernando Vázquez por una buena persona, pero un mal entrenador. Bueno, del montón, tampoco quiero decir que no sepa nada después de los años que lleva en distintos banquillos, pero pienso que no tiene el nivel propicio en relación a los objetivos que, se reconozcan o no, tiene el Mallorca a más corto plazo por pura y urgente necesidad.
Pero considero a Maheta Molango, y en eso también coincido con quienes han intercambiado opiniones aunque fuera durante unos minutos, por un verdadero neófito en la gestión de un club, con la diferencia de que ya quisieran muchos aprendices cobrar lo que los americanos le pagan a él.
No me sorprende en absoluto que mientras uno hable de ascenso, el otro baje el listón o que el de arriba afirme que el equipo ha salido de la UCI y el de abajo declare que nunca se vio en esta tesitura y menos con respiración asistida. Un diálogo entre ambos tiene que asemejarse mucho a los de aquella vieja sección del TBO, “Diálogo de besugos”, a la vista de las limitaciones que ambos reúnen. Si, a falta de otros aderezos, el testigo de la conversación es Iván Campo, alias el embajador, ríanse ustedes de los “sketch” de Tricicle.
Por favor, no se lo tomen a título de menosprecio, ni falta de respeto, pero es que del Mallorca actual no me creo nada, salvo que de una vez por todas se sinceren todos y la moto que pretenden vender guarde relación con su chasis, su motor y su carenado. Mientras Robert Sarver y sus socios no expliquen a qué han venido y qué pretenden, presentando cuentas y proyecto al detalle sin recoveco alguno, nos faltará fe. Sobre todo si te das cuenta de que sus actuaciones no tienen nada que ver con lo que predican desde sus púlpitos o los de aquellos que se los prestan.