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Cabrera y la protección del territorio

Se han cumplido 30 años desde la declaración del archipiélago de Cabrera como Parque Nacional Marítimo Terrestre. A día de hoy, nadie se atreve a decir que la protección de esta isla fuera un desacierto. Esta gran victoria colectiva supuso, entre otras bondades, que dejara de usarse para maniobras con fuego real del ejército y que se salvaguardara su fauna y flora al limitar la presencia de embarcaciones que arrastran todo cuanto se encuentran a su paso.

Mallorca ha vivido otros importantes hitos en material de protección territorial, aunque los más conocidos han sido los de Sa Dragonera y Es Trenc.

En 1974, la empresa PAMESA compró el islote de Sa Dragonera con la intención de construir una urbanización con 1.200 viviendas para 3.600 personas, y un puerto deportivo para 600 embarcaciones. Tras la intensa actividad ecologista -cuya acción más visible fue la valerosa ocupación de la isla por parte de jóvenes libertarios organizados de manera asamblearia-, la Audiencia Nacional falló en contra de las intenciones de urbanización y en 1995, el Govern Balear la declaró Parque Natural.

Por su parte, y después de intensa presión ecologista con muchas acciones de protesta, Es Trenc fue declarado como Área Natural de Especial Interés, quedando su suelo calificado como no urbanizable por la Ley de Espacios Naturales autonómica del año 1991. Mucho más recientemente, en 2017, se aprobó por parte del Parlament de les Illes Balears la Ley de declaración del Parque Natural Marítimo Terrestre Es Trenc-Salobrar de Campos.

En todos estos casos, quienes reivindicaban que se impidiera la explotación urbanística de ambos espacios se encontraron con la obstrucción que realizaban aquellos que en las hojas de los árboles sólo ven el verde del dinero. Y por ello, ut solet, los poderes políticos se vieron presionados por quien ostenta el poder fáctico. Por una vez podemos dar gracias de que no claudicaran, aunque a algunos les acarreara perder alguna alcaldía. Las leyes proteccionistas se aprobaron por amplia mayoría y eso es muy bueno.

Porque no es cuestión de ser de derechas o de izquierdas, es cuestión de todos. Las virginales playas de Es Trenc las disfrutamos todos, el canto de los pájaros nos complace a todos, con el verdor de campo y montaña nos deleitamos todos y el oxígeno de los árboles lo respiramos todos.

Afortunadamente, nadie hoy en día duda del daño medioambiental que hubiera supuesto dejar estos espacios al albedrío del capitalismo más depredador y casposo.

En Mallorca hay terreno urbano más que suficiente para vivir y también hay muchas viviendas -pequeñas y grandes- en estado de abandono a la espera de que aparezca alguien que les dé nueva vida. No hay justificación moral ni la más mínima necesidad a la destrucción del territorio y del entorno natural. Cabrera, Sa Dragonera y Es Trenc frente a Port d’Andratx, los apartamentos de Ses Covetes y los chalets de Llucalcari: el orgullo y la vergüenza para la memoria y la reflexión.

Quién lo vende todo demuestra que no vale nada.

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