Las rebajas de enero tienen siempre una clara finalidad desde un punto de vista económico, que es el de dar salida al género que no se ha podido vender en noviembre o en diciembre, con unos precios muy favorables para los consumidores. Además de ese aspecto comercial, hay otros aspectos a tener en cuenta, como el histórico, el antropológico o el sociológico, que analizamos en este reportaje.
Históricamente, el origen de las rebajas en el comercio minorista se puede situar a finales del siglo XIX y principios del XX, con la aparición de los grandes almacenes, si bien fue sobre todo en los años veinte y treinta del pasado siglo cuando las rebajas adquirieron una especial relevancia. Cabe recordar, en ese sentido, que las dos décadas citadas estuvieron caracterizadas por una profunda crisis económica tanto en Estados Unidos —por el 'crack' del 29— como en la mayor parte de Europa.
En cualquier caso, también es cierto que antes de la aparición de las rebajas ya existían los rastros y los mercadillos, que si bien tenían una función distinta, facilitaban igualmente la posibilidad de encontrar objetos valiosos o atuendos usados todavía en buen estado a un buen precio. Además, cuando de niños íbamos a comprar con nuestros abuelos o nuestros padres, eran ellos mismos los que pedían a los vendedores que les hicieran unos precios especiales si la compra había sido muy copiosa.
Otra opción que asimismo existía entonces, también independiente de las rebajas, era que solía ser habitual que nuestras madres y nuestras abuelas comprasen telas, retales u ovillos para hacer vestidos, bufandas o jerséis, o que zurcieran los calcetines o las medias que tenían algún roto, pues los arreglos en las tiendas especializadas eran muy caros.
Más allá de esta primera contextualización histórico-económica, el profesor de Antropología de la UIB, Alexandre Miquel, explica a mallorcadiario.com que las rebajas se acabarían convirtiendo con los años en una especie de ritual, como lo eran ya las celebraciones navideñas o como lo son hoy las fiestas vinculadas a Halloween. "Para funcionar, los rituales han de tener unos ritmos y unas fechas más o menos establecidas, para marcar diferencias con los hechos de la vida cotidiana", especifica.
DESREGULACIÓN TEMPORAL
Así ocurría hasta hace poco con las rebajas de enero y con las rebajas de verano, si bien la creciente liberalización del mercado ha hecho que, de alguna forma, en la actualidad haya precios especiales ya casi a lo largo de todo el año, en forma de ofertas, saldos o liquidaciones. "Las rebajas están hoy bastante desregularizadas, que es algo que afecta y perjudica de manera especial al pequeño y mediano comercio", añade este docente.
Esa progresiva desregularización ha contribuido a que las rebajas hayan perdido parte de su antiguo carácter de ritual. Alexandre Miquel recuerda, por otra parte, que décadas atrás había también comercios que contaban con plantas enteras denominadas de 'Oportunidades'. Así ocurría, por ejemplo, con Galerías Preciados. "Hoy en día, esos espacios específicos han desaparecido, siendo sustituidos, de algún modo, por los 'outlets', que normalmente se sitúan en los polígonos o en los extrarradios de las ciudades", indica.
Un segundo hecho histórico que merece ser destacado es que las rebajas supusieron en su momento un importante cambio social, ya que "la gente que hasta entonces no tenía la opción de poder adquirir y de disfrutar de aquello que producía, se empezó a encontrar con una situación específica que le permitía poder comprar por vez primera aquello que fabricaba". Por tanto, "mucha gente ya no sólo era productora, sino que también podía ser, en cierta medida, consumidora".
Así sucedió en un principio con los productos que vendían los grandes almacenes y las cadenas comerciales más relevantes de Estados Unidos, una situación que luego se dio también en distintos países de Europa con establecimientos similares, incluida España. En sus inicios, todos esos comercios de carácter popular simplemente se deshacían de sus stocks sobrantes durante las rebajas, si bien más adelante potenciaron también la idea de que "cualquier persona tenía la oportunidad de comprar más barato, lo cual no siempre era del todo cierto".
DIVERSOS CAMBIOS
Otra circunstancia sociológica a destacar es que "las tiendas de lujo y determinadas marcas vinculadas a estas tiendas rara vez solían tener rebajas", lo cual implicaba que sus productos no estaban al alcance de las personas con poca capacidad adquisitiva.
Sea como sea, lo que sí puede considerarse como indiscutible es que con la aparición de las rebajas "la clase trabajadora podía adquirir ropa que de otra forma no habría podido comprar". Todo ello "creaba la ficción de que realmente había una cierta igualdad entre las clases sociales y de que las clases más desfavorecidas también formaban parte del sistema, siendo consumidoras y no sólo productoras". Esa ficción "se mantenía durante los días o las semanas que duraban las rebajas en cada país".
En estos últimos años esa perspectiva de carácter social ha variado un poco. En primer lugar, con la citada desregulación de las rebajas. "A ello habría que añadir que el modo de producción, el tipo de sociedad e incluso los símbolos también han ido cambiando, en el sentido de que ahora mismo yo soy en tanto en cuanto soy capaz de consumir", recalca Alexandre Miquel, recordando que "vivimos en una sociedad de consumo generalizado". A partir de ahí, "consumir ya no es sólo simplemente adquirir cosas, sino también poder ser socialmente y poderse presentar simbólicamente".
En ese contexto, nuestro interlocutor también recuerda que "un elemento característico de las rebajas originarias era que en aquella época se miraba con una cierta condescendencia a quien iba de rebajas, como dando a entender que las personas con menos recursos sólo podían adquirir determinados productos y objetos de ese modo, a diferencia de lo que ocurría con las clases altas".
NUEVAS ETIQUETAS
Mucho más recientemente, "se produjo una novedad simbólica interesantísima, que fue que algunas marcas de ropa empezaron a llevar las etiquetas o los logos por fuera, no por dentro, que es algo que aún continúa". De ese modo, se intenta transmitir de manera más o menos subliminal el mensaje de que no todas las personas pueden acceder a esas marcas de lujo.
Este reconocido docente e investigador universitario también explica que, en cualquier caso, todos los símbolos —incluido el de las rebajas— van adquiriendo nuevos significados con el paso del tiempo y se reinventan cuando van perdiendo sus funciones originarias. "Ahora, paradójicamente, tenemos tiendas de segunda mano y tiendas vintage que son más caras que las de primera mano", subraya. De ese modo, la diferencia de precios entre unas tiendas y otras haría de nuevo evidente que no todas las personas pueden acudir a determinados comercios o adquirir ciertos productos.
Sin embargo, una segunda paradoja que se da hoy en día en relación a esta cuestión es que tanto los productos más económicos como los más lujosos "se fabrican en muchos casos en los mismos países, normalmente del continente asiático", por lo que las supuestas diferencias de calidad entre unos productos y otros "tienen un trasfondo más de apariencia que de realidad".
"Tras unos años en que parecía que las clases sociales se igualaban, porque los integrantes de unas y de otras podían comprar indistintamente cosas que no eran de primera necesidad, hoy vemos que el precio sigue marcando quién puede adquirir algunos productos muy concretos y quién no puede", resume Alexandre Miquel, para concluir con un cierto tono irónico: "En cambio, en donde sí habría coincidencia es en que todos tenemos que echar mano ahora de las tarjetas de crédito".