En justificación de sus actos para cumplimiento de un mandato del Banco de España en su lucha contra el blanqueo de capitales, las entidades bancarias han iniciado a primeros de este mes de abril una 'limpieza' de cuentas corrientes que no tienen actualizados sus datos personales. No en pocos casos se han bloqueado cuentas en las que ha sido imposible ingresar nóminas.
La sorpresa fue mayúscula, y la congoja, también. Tomó el teléfono, abrió la aplicación de su banco y... Oh!, sorpresa, la nómina aún no había sido ingresada. Esta demora supone un contratiempo para él debido a que el arrendador del piso le calienta el oído cada vez que se retrasa en el pago del alquiler de su estudio. Llamó sin demora al departamento de personal y contabilidad de su empresa y allí le aseguraron que la transferencia se había realizado correctamente dos días antes, como al resto de la plantilla. Y, entonces, qué podía haber pasado.
La mejor forma de saberlo era llamando a su sucursal bancaria. Casualmente, hacía unos meses había hablado con su directora por unas comisiones que consideraba usureras y que se aplicaban en cuentas corrientes en donde sólo se ingresaba una ayuda del Estado. La llamó. Ella, muy amable y solícita, le pidió el número del DNI. Se lo dio. Al cabo de unas décimas de segundo de espera oyó al otro extremo de la línea que su cuenta estaba bloqueada. ¡Cómo que está bloqueada! Al parecer, el banco le remitió un domingo a su correo electrónico una comunicación en la que se le advertía de que si no actualizaba sus datos personales, la cuenta iba a ser bloqueada por mandato del Banco de España. El banco de bancos había remitido una circular en la que se 'ordena' a los bancos aplicar la ley y cancelar temporalmente los activos de los clientes que no estén al día en su información personal.
Parece que los bloqueos han ido en aumento a partir de la aprobación de la Ley Antiblanqueo de Capitales, pero ¿pueden bloquear una cuenta cuando quieran?
Para bloquearla, el banco deberá tener una causa justificada y avisar al titular (cosa que con nuestro protagonista no hicieron) del inicio en breve de esa acción para evitar los posibles perjuicios derivados de la devolución de ingresos, disposiciones o recibos. Sin embargo, en el caso que nos ocupa no ocurrió así. Él vio el correo de su banco un día después, ya que el domingo no entra jamás en su correo. Al haberse remitido en un festivo sospechó de su remitente: pensó que era tóxico o de un hacker y lo borró inmediatamente.
Craso error. Ese correo remitido por su entidad enlazaba con un formulario que había de rellenar para actualizar sus datos bancarios. Y lo más alucinante de todo: por teléfono le comunica la directora que su DNI está caducado. ¡Cómo que está caducado si la fecha de vencimiento es en mayo de 2023! Imposible. La réplica fue inapelable: Aquí consta que su documento de identidad no está en vigor.
"Ahora mismo voy para allá". Dejó el trabajo, después de pedir un permiso especial, y corrió acera arriba, acera abajo hasta alcanzar la puerta del banco, diez minutos antes de que éste echara el cerrojo. Ya en el interior pidió por la directora. Una empleada resabida, de colmillo retorcido y pelo cardado le informó que estaba ocupada. -"¿Es usted Juan Pedro?". " Sí, lo soy", respondió aún con el resuello. -"Venga", le dijo, "le atenderé yo". Al parecer, le estaban esperando, tras alertar la directora de su inminente llegada.
De sopetón:- "Vive usted en la calle de la Gruta 16". "¿Dónde está eso?", respondió. -"En El Molinar". "Ah, sí", dijo, "viví allí un par de meses, pero...". -"¿Es su dirección actual?". "No, ya no", contestó. -"¿Y cuál es?" "La que consta en el DNI", le indicó señalando con el dedo índice el documento que descansaba sobre el mostrador, tras una mampara de cristal anticovid.
-"¿Está casado, soltero, viudo...?". Frente a este ataque violante a sus datos personales y confidenciales respondió con un: "Y a usted, con perdón, qué le importa mi situación personal". -"A mi nada", replicó ella desde el fondo de la red en un partido de tenis, "pero me lo piden". "¿Le basta con que tengo pareja?", voleó por lo alto de la red. -"Sí". "Pues no se hable más", dijo mientras armaba el punto definitivo de este partido dialéctico. -"¿Su profesión?" Y ahora, pensó, ¿por qué quería el banco saber a qué dedico ocho horas del día? "Soy delineante", dijo, a sabiendas de que ocultaba su verdadera actividad laboral. -"Teléfono, correo electrónico...¡ Ah!, nos tiene que hacer llegar su contrato laboral", sostuvo en el aire esta petición mientras saludaba a los dos guardas de Prosegur que abandonaban el local con una mano en la culata del revolver y la otra, sujetando una bolsa de plástico a reventar de billetes de 100 y 200 euros. "Mi contrato sólo concierne a mi empresa y a mí. No se me ocurre por qué habría de mostrárselo a ustedes. De la misma forma que no se lo enseño a mi compañía telefónica, a la del gas o a la que me suministra electricidad", razonó. -"Pues tendrá que hacer una excepción porque nos lo pide el Banco de España", sentenció. Y dale con el Banco de España, qué sistema soviético de control ciudadano ha implantado a través de las oficinas de sus tentáculos bancarios privados.
Después de mucho esperar -"es que el sistema va lento"- le ingresaron la nómina, pudo realizar la transferencia a su casero y abandonó el banco que quiere ser tú, o como tú o igual que tú, como si lo hubieran violado, y sin darse cuenta.