Estarán de acuerdo conmigo que Javier Milei simboliza un cambio respecto al político convencional. Una disrupción, más bien.
Es el primer presidente anarcocapitalista del mundo. Por primera vez, podremos ver la efectividad del liberalismo al frente de un país. El reto es importante. Personalmente, estaré atento a la evolución de Argentina puesto que, frente al intervencionismo, el liberalismo goza de mi total simpatía.
Nuestros hermanos argentinos llevan años sufriendo una de las peores crisis de toda la historia y su economía requiere un ajuste profundo.
Las formas y el histrionismo de Milei pueden gustar más o menos pero no es un cualquiera. Es un tipo preparado que ha sido profesor de Macroeconomía y Teoría Monetaria y posee dos estudios de postgrado. Tiene las ideas muy claras y no le temblará la mano en ejecutarlas.
Habiendo sido un país muy rico no hace tanto, hoy en día la situación actual de Argentina es crítica. En 1895, Argentina era el país más rico del mundo por encima de los mismísimos Estados Unidos.
En poco más de cien años todo se ha ido al traste en Argentina. Según el Índice de Miseria Anual de Hanke, que se basa en la inflación y el desempleo, en 2022 Argentina fue el sexto país con más miseria del mundo tras Zimbabwe, Venezuela, Siria, Líbano y Sudán.
¿Cómo ha llegado desde lo más alto hasta lo más bajo? Básicamente por un proteccionismo exagerado y un Gasto Público disparado y sostenido en el tiempo, cuyos fondos no llegaban a todas las capas sociales sino solo a unos privilegiados. Ese gasto era financiado con deuda y la emisión de dinero elevó la inflación a las nubes.
Argentina tiene la cuarta tasa de inflación anual del planeta con un 140% y ha incumplido todos sus compromisos de déficit con el Fondo Monetario Internacional.
El arreglo de Argentina, si es que lo tiene, no pasa por un ajuste gradual sino que requiere un ajuste severo y disruptivo. Milei está dispuesto a llevarlo a cabo.
“Ministro que gaste más de lo que tiene asignado y genere déficit, a la calle” dice Milei. Y no le temblará el pulso porque, de no hacerlo, su propuesta económica se pondrá en entredicho y, lo que es peor, Argentina se verá abocada a la hiperinflación al estilo venezolano.
Ahora bien, Milei tiene importantes retos que van a dificultar sus promesas. Si se acerca a Estados Unidos para dolarizar la economía (cambiar los pesos por dólares), tendrá que distanciarse de China y Brasil que son sus socios comerciales principales. Además, Argentina ha sido admitido el pasado agosto como nuevo país de los BRICS cuya misión es hacer de contrapeso al poder a Estados Unidos. Pero Milei quiere mantener relaciones comerciales con Estados Unidos y dolarizar su economía. O con unos o con otros.
Milei ha llegado donde ha llegado con apoyo de grupos financieros que exigirán su parte del pastel. Habrá que ver si es con la privatización de las empresas públicas a dedo.
Veremos si al igual que Pedro Sánchez en España, el nuevo presidente argentino recibe la visita de Larry Fink, CEO de Blackrock para, de igual forma, exigir su parte del pastel. Ya sabemos que el fondo que domina el planeta visita a sus súbditos recién elegidos para marcar directrices y engrosar su cuenta de resultados. Detrás de Blackrock se encuentran los dueños de la deuda de los países instrumentalizada a través del Fondo Monetario Internacional. Son, por tanto, los dueños del país.
Hay que recordar que Milei fue miembro del Foro Económico Mundial. Él mismo ha afirmado que hace tiempo lo dejó y que es uno de los mayores detractores de la Agenda 2030.
En resumen, Milei, con sus sombras, merece una oportunidad. Argentina merece una oportunidad. Aunque algunos no le van a dar ni los cien días de cortesía que goza todo político, desde aquí, deseo que sea capaz de cambiar el rumbo de un país hermano que ha sufrido en demasía.
¡Viva la libertad, carajo!